2017

De un tiempo a esta parte estoy intentado evitar cualquier tipo de actividad que me aleje de cierto estado zen que facilite mejores digestiones y minimice los ataques de nervios. Nada de actividades de riesgo, nada de intentar ligar por instagram, nada de hacer una película, nada de tactos rectales no solicitados, nada de peleas por twitter y, por supuesto, nada de actos sociales masivos en la Andalucía profunda. Curiosamente, este fin de semana me he saltado las últimas dos afirmaciones con divertidos y chiflados resultados.

Como veis, siempre he deseado que mi vida sea una comedia americana mala de los 90. A ser posible, con una escena de humor con vomitonas masivas. El título: “Las locas aventuras de un enano muy chalado”

Dios mío: sólo con escribir eso se me han erizado los pelos del escroto de la vergüenza ajena. Algo que no pasó este finde. Hubo vicisitud, sí, pero me sentí como un hábil observador externo del diario quehacer de la sociedad española. Vamos: como un gilipollas. ¿Y qué fue lo que hice este finde?

Irme de bodorrio.

Los aguerridos lectores habituales de ente bloj (que, como últimos de Filipinas, siguen leyendo largos artículos chorras en internet cuando ya la guerra se perdió y todo el mundo está escuchando largos artículos chorras declamados en Youtube) recordarán mis viejas aventuras en la boda de mi hermano, el Ciudadano Soberano, en Mexicali. En aquel mítico artículo dejé claras mi falta de amor hacia las bodas y mi lamentable actitud paternalista-colonialista hacia un lugar que, habida cuenta de bailes de Michael Jackson de baratillo, satanismo urbanístico y bares-antro, merecía mi lamentable actitud paternalista-colonialista.

Por eso creo que es justo y necesario, es mi deber y salvación, relatar una experiencia similar, pero en mi lugar de procedencia: Anladucía. O Almería, que viene a ser más o menos lo mismo, pero con el resto de humoristas de España pensando que aquello es Murcia porque hablan parecido y así sus chistes son automáticamente un 37% más graciosos.

Como persona de bien, siempre he intentado evitar ser invitado a bodas en mi tierra. O en La Tierra, así en general. Pero las personas, malandrinas ellas, insisten en fuck the pig y mandar la carta más temida en el mundo sólo superada por los resultados médicos de tu última biopsia: La invitación hortera con lazitos y amores eternos a un enlace. Son eventos que aborrezco, en los que los niveles de vicisitud son más altos que en una retransmisión de F1 por parte de Onvre Vicisitud. Por eso, desde aquella boda de mi hermano, que al menos implicó conocer otro país, me he zafado de varias celebraciones de otros familiares gracias, sobre todo, a vivir en Madrid y tener toda la familia de Despeñaperros pa’bajo. Sin embargo, recientemente sí que me asomé por la de nuestra redactora Cava Baja en Toledo y, como no resultó tan desagradable, acepté ir a una de un familiar de Snowymary al que no conocía de nada. Era eso o tener que ir buscando un abogado para ir mirando el tema de la separación de bienes y tal.

Vamos: que me obligaron.

Así que me monté en el coche de alquiler con un único objetivo: mantener buena cara todo el fin de semana y evitar todo lo que me pudiera sacar de mi zona zen. De hecho, seguí a rajatabla ese soyaguaquefluye nadapuedehacermemella incluso al llegar a Despeñaperros: Se planteó la posibilidad de parar en Casa Pepe, el mítico restaurante filofascista de la zona, pero me negué. Ésta no era una escapada para hacer un post de Vicisitud y Sordidez. Iba a ser una experiencia de colonoscopia placentera. Iba a relajar el culo, dejar que me entrara hasta un ejército de elefantes y yo seguiría siendo feliz.
"Un lugar donde comer bien y sentirse muy ESPAÑOL" (reseña real de Tripadvisor)
Incidentalmente, nadie me ha avisado de que Casa Pepe, lugar de peregrinación de cuñados franquistas, está en una pedanía que se llama Venta de CÁRDENAS. Ahí dejo el dato sin ahondar más en él.

Sin embargo, todas mis intenciones se fueron al traste de la forma más tonta: por culpa de internet. Andaba yo con 41 grados pegajosos y camisa de mangas largas, mostrando a todo el mundo mi mejor sonrisa acompañada de ojos sin vida que harían las delicias de una peli de James Wan cuando, en la única iglesia del mundo en la que hace más calor dentro que fuera, al cura, en su discurso de ‘porque yo lo valgo y me la sudan los novios que yo voy a lo mío’, soltó una breve soflama en contra del matrimonio homosexual. Como no soy de armar escándalos, porque recordemos que estaba en modo zen, pero sí que creo muy firmemente en que no debo permanecer complaciente ante muestras de homofobia, me disculpé, me levanté y me salí. Una vez fuera, para pasar el tiempo antes de volver para el ‘Sí, quiero’, me dio por tuitear el hecho y mi descontento con haber sido el único en levantarse.
La preciosa iglesia, con pinta de urbanización turística de 1962
Y se abrieron las puertas del infierno virtuales.

Nunca nada que haya escrito en twat-ter ha tenido decenas de retuiteos. Y, al ser un tema social, se arma. Amigas mías regañándome, desconocidos dándome la enhorabuena, debates que simplifican algo tan complicado en 140 caracteres… Casi no contesté, pero el daño estaba hecho: perdí mi zen.

Así que, ya que me había puesto nervioso, me dediqué a tuitear parte del resto de la velada porque el mal y el hacerse el listillo son inherentes a las redes sociales. Todo comenzó con mucho aburrimiento. El convite era masivo, con unos 250 invitados entre parientes graciosos, señores con camisa abierta y gomina en el pelo, chavales cuyo sentido de la vida es ver Telecinco e incluso un buen puñado de personas. Feck: había gente vestida del traje de gala de la Guardia Civil en homenaje a la profesión del novio. Yo es ver un tricornio e ir pensando en 'El Crimen de Cuenca', pero como iba disfrazado de persona de bien andaba tranquilo: nunca descubrirían que había un rojo ateo infiltrado mirando el móvil sin parar.

También me llamó la atención la anormal cantidad de niños con pajarita.¿Era esta boda una promo de "El joven Sheldon"?¿O se trataba de un homenaje a "Este chico es un demonio 2"? En ese caso, quizá todo acabara en pota masiva y, efectivamente, mi vida sería una comedia chunga de los 90.
Cine de Arte y Ensayo
Tanta observación revela la realidad: que me aburría. No conocía ni a los novios, así que empecé a rascarme la caspa que tengo en la coronilla, lo cual me llevó a hurgar otras partes de la cabeza y a mi primer tuit: “...y en el 11° día, Dios dijo "Que al hombre le salga pelo en las orejas porque LOL". Lamentablemente, el imbécil chascarrillo no consiguió hundir el anterior mensaje, el cual seguía generando comentarios como “¡Claro, los novios van a hacer lo que diga el tal Paco!”. Como lo que servían era Cruzcampo (que no por ser un chiste común facilón deja de ser un brebaje), me entretuve haciendo experimentos químicos mezclándolo con zumo de limón natural, naranja natural y tostada con sobrasada natural. A lo mejor destrozándome el estómago tenía excusa para largarme antes.

Los más interesantes eran un grupo que contenía la única pareja abiertamente lesbiana y un hipster. En una pedanía de ROQUETAS. Sentí una ola de cercanía con el pobre esclavo de la moda al comprobar que se tiene que sentir muy muy solo. Ya lo cantaba Sabina: “Extraño, como un hipster en El Ejidoooo”. O no. Creo que debería adaptar esa canción a los nuevos tiempos. Si todavía pudiera cantar.

Por supuesto, acabamos en una mesa apartada de parientes lejanos y raros con una agradable representación del Imserso y empresarios locales del plástico de invernadero. Todo fue bien hasta que llegó el primer gran momento sórdido: la entrada de los novios, momento en el cual comprobé cómo se levantaba todo el mundo a agitar la servilleta como si fueran a lanzar una honda, esparciendo como confeti casposo todas las migas de pan que habían recogido antes de la llegada. Os aseguro que me sentí como un alienígena observando una cultura extraña y deseando soltar baba ácida para abrir un boquete en el suelo por donde escapar. Porque, en mi ignorancia de asuntos nupciales, no conocía esta tradición. ¿Acaso estaban pidiendo dos orejas y vuelta al ruedo tras la buena faena de la iglesia? Ahora tocaba chiste de “...y el rabo”, pero quienes me estaban leyendo en twat-ter no merecían que el nivel cayera tan bajo. Todavía.

El segundo momento llegó poco después. El muy aburrido pinchadiscos, que llevaba un buen rato poniendo exactamente la misma música de baile de ascensor (me apunto el copyright del concepto) conectó su ordenador (pantalla grande, escritorio con sus fotos personales de sus vacaciones en la nieve) y puso algo terrible...

La revolución digital nos ha traído 'Crash Course' o 'No Small Parts'. Incluso Videofobia o películas ganadoras en Sundance rodadas con un smartphone. Pero también tenemos gracias a ella los vídeos interminables y melosos en los banquetes de bodorrios. Antes valía con una sucesión de fotos en power point con cortinillas de corazones al ritmo de ‘My Heart Will Go On’. Ahora, la cosa se ha refinado y hay… ¡pretensiones artísticas! ¡Planos detalles de las manos uniéndose! ¡Paseos en plano aberrante por calles empedradas! Gracias a peich que había una columna entre mí y la pantalla.  Esa columna se convirtió en mi mejor amiga. Durante cinco minutos, amé a esa columna. Me pareció más apetecible y sexy que Alexandra Daddario. Era como un medicamento antiretroviral ante el avance del VIH audiovisual. A los cuatro minutos de echarle vistazos fugaces al vídeo como guerrero griego mirando la Gorgona, sólo podía esperar que me sobreviniera el dulce abrazo de la demencia senil y que olvidara pronto lo presenciado.

Aquello terminó y comenzó el bucle infinito de la noche: plato de comida que absolutamente nadie quiere porque ya se han puestos todos púos a jamón y hamburguesitas en el cóctel, grito de "¡Vivan los novios!", media hora para que te retiren dichos platos, grito de "¡Que se besen!", plato nuevo, aclara y repite. Ante tal sopor, tuve la tentación de romper la monotonía proponiendo nuevos gritos de guerra: Creo que habría sido maravilloso un “¡Vivan los novios y la heteronormatividad!", a ver si al menos nos echábamos unas risas. También consideré soltar entre dientes un "Vivan los Gnomos", a ver si colaba, pero al comentárselo a Snowymary leí en su mirada que el que me sacara en ese momento los testículos por vía rectal tenía que ser molesto y contraproducente para que la noche acabara bien. Pero es que, al vigésimo "¡Que se besen!", yo no paraba de pensar que lo mismo sería más divertido un "¡Que se hagan un spanking!". Porque todos sabemos que los novios llevan años besándose, pero sería bonito que aprovecharan la ocasión para probar nuestras formas de placer. ¿Para qué queremos ver a dos tipos dándose castos ósculos? ¡Que no es el siglo XIX! Lo que de verdad haría que las señoras mayores de mi mesa murmurara “¡OYOYOYOYOY!” sería que ella se pusiera un strapon y le obligara a lamerlo delante de todo el mundo.

Andaba yo perdido en esos pensamientos que en absoluto revelan que en mi ordenador hay porno bdsm cuando vi algo que me aterró: Una mesa entera se levantó al completo. Eso sólo podía significar una cosa: ¡El número musical de los amigos jovenzuelos de la pareja! No os miento si os digo que me entraron sudores fríos, lo cual vino bien para poder combatir el calor de la lasaña de bacalao que me pusieron. Para CENAR. En ALMERÍA. EN VERANO. LASAÑA.
¡Sudad, sudad, hijosdeputa!
La buena noticia es que luego se levantó otro grupo. Pronto, la gente aterrada se encargó de aclarar la verdad: estaban haciendo fotos en el exterior mesa a mesa.

La mala noticia era que, efectivamente, había número musical preparado por las amigas de la novia.

Mi principal miedo era que sonara ‘Despacito’, pues me había propuesto salir corriendo de la fiesta antes del baile. Porque ya la escuché por primera vez en un bar la semana pasada, hice tirada de locura y me salió no recordarla. No quiero tentar a la suerte otra vez. Apenas reconocí la canción elegida. Quizá fuera la misma que ponían cada vez que salía una fila de camareros con los platos para la mesa principal, con cara muy seria. Era algo así como otro reguetón de mierda, pero yo no paraba de pensar en que todo habría sido mejor con ésta:


El caso es que, fuera la canción que fuera, las chicas se marcaron una auténtica coreografía de vanguardia. De vanguardia en el sentido de que cada una levantaba los brazos al ritmo. Al ritmo de otras cinco canciones que no eran la que sonaban. ¡Auténtico arte conceptual!

Ante tanto saber hacer, la concurrencia se vino abajo y consideró su lugar en el universo y la inutilidad de la vida. O eso pensaba yo que debería de haber ocurrido, porque volvieron los gritos de "¡Vivan los novios!" cada vez más desgañitados por parte de, efectivamente, el pariente que ya estaba borracho a eso de las once y media. Porque hay tradiciones importantes que no deben faltar en unas nupcias españolas.

En mi mesa de los parientes lejanos, la cosa estaba más apagada. A mi izquierda, dos señoras de unos 70 con sus mejores galas estaban enfrascadas en una conversación que consiguió una evolución narrativa que me pareció de Emmy: comenzaron hablando sobre sus nuevos smartphones y cómo tenía una problemas para pasar la pantalla, mientras la pulsaban como si sus dedos fueran dardos propulsados con plutonio. Maravillosamente, tendieron un puente dialéctico sobre el tema de la agenda para acabar en donde termina toda conversación de señoras: EN EL SINTROM.
El mejor amigo de las yayas.

Aquello, aunque de incalculable valor antropológico, no conseguía interesarme, así que me volví al señor de enfrente. En toda la noche no había hablado. No había sonreído. No se había levantado ni movido. Y llevaba seis fantas de naranja, seis. Sin duda para saciar su sed de sangre humana.

Tal fue la tontada que escribí en twat-ter, pero al enseñársela a Snowymary me comentó que el señor estaba en tratamiento por depresión. ¡Punto para mí! Me puse muy contento con el éxito de mis dotes de observación psicológica y también muy nervioso mientras miraba debajo de la mesa a ver si el tipo había traído una escopeta de caza, que lo del rural español es muy dado a estas cosas.

Tras el vigésimo plato y mientras contemplaba la cara de decenas de invitados que ya estaban pensando en el Almax, vi como mi amigo el depresivo engullía su séptima fanta mientras miraba al infinito como quien contempla la oscuridad en el corazón de todos los seres humanos.

Y se levantó.

Esa fue la señal para que yo empezara a suplicar a mi acompañante para que saliéramos pitando antes de salir en las noticias. Que yo me veo como el héroe que se lanza a arrebatar el arma y es el primer imbécil en morir. Sin embargo, hubo que esperar a que llegara lo de partir la tarta, la cual trajeron los camareros Sit On My Face con más bengalas que una noche de fallas. Entre la olor a pólvora y los suaves compases de ‘Y si fuera ella’, el novio sacó de su traje de guardia civil el sable que usa para perseguir ilegales por el mar de plásticos y cortó la tarta. Acto cuya simbología desconozco, pero que me parece un tanto guarro y poco práctico.
Buena inversión: se puede usar tanto en el enlace como en las posteriores conversaciones de divorcio.

Devoré mi trozo de pastel a todo meter, puesto que eran la una y media y no creo que mi corazón hubiera podido soportar otro "¡Vivan los novios, que se besen aunque estén regüeldando la comida!". Sin embargo, no podía escabullirme, porque la novia se estaba pasando con una cesta por todas las mesas: era un momento que también desconocía: el impuesto revolucionario. Yo pensaba que la cosa era de pagar tu carísima entrada al evento al que, no lo olvidemos, te han obligado a asistir (y no me digáis que puede no ir si quieres, que no suele ser una opción) con una transferencia bancaria. Pero en esta ocasión todo se tornó mucho más ‘Uno de los Nuestros’ mientras la gente ponía sobres en la cesta. Aquello parecía la Calle Génova.

Ahora estaréis esperando lo mejor: el baile. Señores de 50 años que no salían hasta las 2 de la madrugada desde que encontraron al amor de su vida recogiendo melones en el invernadero de al lado bailando con la corbata en la cabeza. Niños llorando. Paquito el Chocolatero. Vomitonas. El pariente que coge el micrófono y cuenta algo inapropiado del novio. La invasión zombi. La novia con motosierra.

Perdón, que se me va la mente a ‘Rec 3’, la película más profundamente española de la historia del fantástico.
Cine de arte y ensayo (2)
Pero no: como dije, esto no iba a ser un viaje para escribir un artículo de Vicisitud y Sórdidez. Yo sólo quería largarme para mantener mi zen. Que no quiero vivir más vergüenzas sólo para el entretenimiento de los lectores. Mi vida no es ya una comedia de los 90. No. Ahora que estoy mayor y varias mujeres me han rechazado por mi incipiente barriga, he descendido a una del desarrollismo con José Luís López Vázquez y Alfredo Landa persiguiendo suecas. Pero esta vez por instragram, mientras pulso la pantalla del móvil como si lanzara cohetes y espero con calma la llegada de mi turno para el sintrom.


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Hace años, siendo yo pequeña, se emitía en televisión el informativo nocturno de Antena 3, como decía su presentador, José María Carrascal, al filo de la medianoche. 

En uno de aquellos informativos, Carrascal hablaba sobre Madonna, y se preguntaba en alta voz: “¿Cómo una mujer que canta como un gato cuando le pisan la cola ha llegado donde ha llegado?”. El caso es que don José María ya utilizaba esa expresión para referirse a la cantante en crónicas de ABC que, con el tiempo, se hicieron famosas; pero yo lo recuerdo por ese simple comentario televisivo.

Desde el primer momento, la frasecita me hizo gracia, quizá porque nunca había escuchado a nadie que realmente cantara como un gato cuando le pisan la cola. 

Hasta ahora.

Pero, ¿qué me estás container?
El caso es que, buscando material para otro post que estoy a punto de terminar, voy y me encuentro con una mujer cuya historia me ha llegado al fondo del estómago, como una patada acometida con saña y ganas de matar. 

La artista de quien nos vamos a ocupar lleva trabajando desde hace un tiempecito largo, pero para mí –y puede que para muchos de vosotros- el descubrimiento es lo que cuenta. Y ya os digo yo que es de traca.

Wing Han Tsang es china emigrada a Nueva Zelanda. Con la garganta llena de alegría y su maleta llena de sueños, decidió que su vocación debía ser la de ayudar a los demás, y se puso a trabajar como enfermera en una residencia de ancianos. Allí, nuestra intrépida protagonista cantaba bellas tonadillas a los viejecitos a los que cuidaba. Cantar había sido siempre un hobby para ella; pero los vejetes, muy majos ellos, la animaron a que se dedicara al mundo del artisteo, porque se le daba muy requetebién. 

¡Un momento! Una señora mayor que tiene un hobby, y que decide entregar su arte al mundo de forma altruista, para mayor gloria de la vicisitud mundial… Sí hamijos, ya hemos conocido una historia parecida. Y sí, eso solo puede generar…

JRANDEZA

El equivalente pictórico a nuestra artitta invitada

A partir de este momento, Wing Han Tsang se transformó en Wing a secas, una cantante de éxito en
Nueva Zelanda, que decidió versionar canciones populares y musicales varios sólo con un propósito. Ella lo define como “hacer feliz a la gente e inspirarla cantando los temas que les gustan”.

Nosotros lo definimos como una desvergüenza de tal calibre que nos mueve a la más absoluta ternura.

Porque Wing canta con el corazón, y solo quiere hacer feliz a los personos. Por eso, el título de uno de sus diecinueve (¡DIECINUEVE!) discos, "Wing sings the songs you love", puede parecer una amenaza; pero nada más lejos de la realidad. Wing se atreve con todo. Versiona a ABBA:

Wing puede versionar a Michael Jackson.


Incluso, poniéndose chunga, ¡Wing puede versionar a AC/DC!

En un alarde de valentía, Wing versionó la canción Total eclipse of the heart. Por la comparación de ambas partes podréis ver que no hay color. Bonnie Tyler canta con voz de carajillera sabinista, pero Wing canta con amor y cara de abuelita entrañable (porque su música devora tus entrañas):
Y no penséis que la buena señora no es actual ni nada por el estilo. ¡Qué va! Wing es capaz de versionar a Lady Gaga,


A Beyoncé,


¡E incluso cantar temas featuring un tío llamado Rappy McRapperson, que también debe tener mucho amor propio y muy poquita conciencia para ponerse un nombre tan aberrante!
Con semejante palmarés, las televisiones de Nueva Zelanda la entrevistaron y un productor con problemas de oído y de ética la fichó para hacer las Américas. Wing viajó a Nueva York y allí cosechó éxitos inimaginables, como el horror cósmico.

Tal fulgor irradiaba nuestra estrella, que los creadores de South Park decidieron convertirla en la protagonista de un capítulo de la serie. Es el tercero de la novena temporada, y lleva su nombre: “Wing”.


Después de tal derroche de sentimiento, no puedo decir más que tres cosas:

1. Pido la nominación de Wing para Persono del año, aunque no gane, pero por lo muchísimo que cree en lo que hace, por su altruismo y por su deseo de hacer el bien a la humanidad destruyendo sus tímpanos a golpe de agudo tres delicias, merece un huequecito en medio del mar de sordideces que es ente nuestro vlog.

Definición gráfica de Wing haciendo el bien
2. Si no regaláis esto a vuestros amigos en su cumpleaños, no deseáis el bien de la especie humana y no merecéis que Wing cante todas las canciones que amáis.


3. Como dice un proverbio chino: “Ojalá vivas en tiempos interesantes”. La propia Wing conoce bien el significado de este dicho, y nos ha proporcionado, al menos, un ratito interesante con el que pasarlo bien y ser felices. ¡Estamos ayudando a cumplir su sueño! 
¡Hasta otra, entes!
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Aquí Paco Fox: A partir de este post, Cava Baja comienza a firmar como miembro fijo del blog. ¡Ya era hora!

Mi padre es un auténtico personaje. Las circunstancias de su familia le impidieron estudiar, así que tuvo que aparcar su pasión por la química y la historia, y ponerse a currar desde bien jovencito para ganarse las habichuelas. No obstante, su curiosidad jamás menguó con los años, y se decidió a tener una buena biblioteca donde albergar todo el saber necesario para aumentar sus conocimientos y los de sus futuros vástagos.

La biblioteca de mis padres es, como poco, variopinta. Solo en un vistazo, puedes ver obras completas de Shakespeare, biografías de grandes personajes de la historia, los Episodios nacionales de Galdós, las más famosas novelas de Tolstoi, Stendhal o Balzac; enciclopedias de arte y una colección flipante sobre la Segunda Guerra Mundial. Pero claro, ya he dicho que mi padre es un personaje por muchas cosas maravillosas, y también por algunas elecciones literarias. Aunque es generalmente descreído, suele poner interés ante ciertos documentales o libros de lo que ahora se denomina “misterio” y muchos llamamos “cuartomilenismo ilustrado”. Así, junto a tratados sobre las propiedades curativas de las plantas o guías de viajes, de pronto descubrimos la saga Caballo de Troya, una colección impagable del Doctor Jiménez del Oso himself y, en los últimos años, noveluchas de medio pelo que lee de carrerilla y de las que no se ocupa para nada, porque sabe positivamente que son una mierda. En resumen, la literatura danbrowniana cutronga es el cine colonoscopia de mi padre, para que nos entendamos. O las películas de Steven Seagal para mi difunta abuela, por ejemplo. 
El derechismo bien entendido
Total, que hace ya unos cinco años, estaba a punto de viajar en tren cuando me descubrí sin ningún libro nuevo que leer. Estaba en casa de mis padres, y decidí curiosear por las estanterías antes de salir. Y con estos cuatro ojos que tengo para las buenas ideas, buscaba algo entre la dicotomía de la demencial biblioteca familiar. Entre lo horrible y lo sublime.

Por supuesto, elegí la primera opción.

Pero antes… ¡una breve semblanza del autor!

Joaquín de Saint-Aymour es, al parecer, un prestigioso escritor de Best-sellers. Por lo poco que he indagado, y ha sido más que nada para que no tenga que hacerlo nadie más en el mundo, se trata de un confeso discípulo de… PACO UMBRAL, ese ente literario creador de la novela pop y que todo el mundo recuerda por todo menos por eso. El hombre que hablaba de sus libros y que tuvo trifulcas columneras con Reverte. A priori, parece que se trata de un autor de nivel; pero lo mejor es que tiene una faceta de ESCRITOR DE AUTOAYUDA, con libros pseudo científico magufos que ayudan a elegir nuestro propio destino en el amor, la prosperidad… Vamos, que para nada es un señor que se lucra con los problemas básicos de la gente de a pie. ¡Feck! Incluso en sus libros aparece un oráculo con instrucciones para que tú mismo orientes tu destino. Altruismo cuartomilénico en cantidades industriales. Ni yendo a una sesión VIP con Rappel y Aramís Fuster jugando a la petanca con una bola de cristal os sale así de bien.
...Porque si pones la palabra 'Cuántica' todo suena más científico.
Con todos estos elementos, ya habréis comprendido que esta novela va a rebosar calidad por todos lados. Desde luego, no defrauda: es aburrida, mal construida, llena de tópicos, con un tratamiento de personajes rayano en la vergüenza ajena, una trama completamente alucinante e insostenible, que se alarga mucho más de lo debido y, además, con un cierto juego sucio y una resolución argumental lamentable. Eso sí, como buena literatura-colonoscopia, llega un momento en que tu cerebro desconecta y tu mente es una pantalla con un fondo de “¡Claro que sí, guapi!” constante en que te ríes. Ahí comienza el cachondeo y el valor de semejante engendro literario.

Y eso que la portada tampoco daba muchas garantías de éxito. Comencemos por ella.


Bien, como se ve, el epígrafe de la portada dice "Comienza la lucha por fabricar a Cristo". Es decir, se supone que la novela va de eso, ¿no? Sería lógico pensarlo, ¿verdad? No hay nada que nos indique lo contrario…

Hasta que empiezas a leer.

La historia se articula en torno a dos protagonistas: por un lado, Aurora es una funcionaria de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid. Digamos que es el típico personaje de mujer deportista, fuerte, buena en un trabajo, soltera, atractiva y ambiciosa. Pero no os dejéis engañar. En un alarde de umbralismo extremo, nuestro intrépido autor es capaz de convertir cualquier vestigio de igualdad en una muestra de cipotismo que sonrojaría al más audaz de los revertianos de pro. Sigamos con la trama, que me adelanto.

Un buen día, Aurora recibe una serie de faxes de destinatario desconocido que la conmina a buscar la tumba de Diego Velázquez en el aniversario de su... ¿nacimiento? ¿muerte? Da igual, la cosa es que tiene que buscar bajo el suelo de varias iglesias de Madrid. 

Sí amigos, esta novela puede recordarnos muy sospechosamente a aquellas excavaciones en busca de la tumba de Cervantes. Lástima que Joaquín no acertara con el personaje histórico, si no, nuestro autor favorito sería sin duda un profeta, un visionario. Una pena que no haya sido así.

En principio, Aurora piensa que es una broma y no hace caso. Hasta que le pica la curiosidad y se va a preguntar a un amigo suyo, bastante mayor. Aquí entramos en una de las características de este libro, que es la introducción de personajes que ayudan a entender las implicaciones históricas de la trama, y que además tienen nombres rancios, como si el autor quisiera hacer referencia a una especie de Madrid castizo propio de las novelas de Baroja o Pérez Galdós (repito que el umbralismo y la ranciedad cipotuda están muy presentes en la novela). En este caso, el amigo de Aurora, Evaristo, representa las dos características, aunque ya os adelanto que no es el único:

Es muy lógico que, en cualquier novela, siempre haya un personaje que no tenga mucha idea de lo que pasa, y pida explicaciones a otro, más docto en la materia correspondiente, para que así el lector comprenda una serie de resortes de la trama por medio de la conversación entre ambos. Es decir, el recurso no es en absoluto nuevo. El problema es que el autor lo que hace no es darnos unas cuantas explicaciones y ya está. No. Él ha estudiado y leído mucho para escribir su novela y tiene que ponerlo todo, para que veas que se lo ha currao. ¿Resultado? La historia está plagada de capítulos que son auténticos rollos macabeos, parrafadas sin fin que, además, no terminan de llegar a ningún sitio, amenizadas, encima, por los comentarios del personaje ignorante (en este caso, Aurora), que no es que no aporten nada, sino que encima sólo dicen gilipolleces como pianos (menos mal que trabaja en el consejería de Cultura, y menos mal que nos la habían pintado como una protagonista joven y audaz). Aviso que este tipo de diálogo -más bien monólogo aburrido y sin sustancia- se repetirá durante toda la novela. Vuestras ganas de quemar el libro sobre una pira de orfidales, también.

Evaristo le dice a Aurora que el sello un tanto desdibujado que aparece en los faxes que ha recibido pertenecen a… 

ATENCIÓN, PRIMERA REFERENCIA TÍPICA CONSPIRANOICA MAGUFA DE LA TARDE…

¡La antigua sociedad Thule! Id haciendo el bingo magufo, porque aquí sale todo el universo danbrowninao mezclado con carajillos in Plaza Maiooooorrrr. Ojito que acabamos de empezar.

No contento con su descubrimiento, Evaristo le cuenta a Aurora casi toda la Segunda Guerra Mundial, sin pan pa' empujar ni nada. Resumiendo, Evaristo advierte a su amiga que no se meta en esos berenjenales, porque se trata de gente peligrosa. Por supuesto, la intrépida protagonista no hace caso alguno de su colega, y decide convencer a la consejera y a todo bicho viviente de que las obras vendrán muy bien para ganar votos y tener popularidad. Su contacto con la supuesta sociedad neonazi es un tal Hans Elsner, hombre maduro, atractivo y elegante. ¿Qué pasa con el misterio? Pues que durante unos cuantos capítulos, Aurora agujerea Madrid y liga con Hans, mientras se compra una Cosmopolitan y varias revistas miérder más que la ayuden a fomentar su feminidad. No es coña. Repito. Esta novela va absolutamente en serio, y debió estar patrocinada por el PP de Gallardón.

Por otra parte, tenemos a Roberto, el segundo protagonista de la historia que introduce los elementos barojianos mal entendidos y la ranciedad cipotil en estado puro. Se trata de un hombre de unos treinta años que llega a Madrid desde su ciudad de provincias para publicar un sesudo ensayo sobre los (preparad el bingo)…

¡Templarios! Recién instalado en un viejo piso del centro de la ciudad, conoce a su vecino Eladio, taxidermista de profesión, que un buen día le muestra un Baphomet que debe reproducir (¡¿Con taxidermia?!) para unos clientes que, según asegura el vejete, son templarios que viven -atención- ¡debajo del metro! Por eso no los hemos descubierto, porque bajan en las horas valle y se confunden con los que van de botellón. ¡Qué listos!

Roberto, lleno de curiosidad, decide acompañar a su vecino la noche de la entrega del bicho y, en efecto, conoce al grupo de caballeros templarios, que, en lugar de matarle, le piden que les ayude a encontrar una antigua tumba donde al parecer se encuentra la Cruz de Caravaca. Más de uno pensará "¿pero no estaba en Murcia?". Pues no. Y no os lo explico porque eso son como otros dos capítulos, y me niego. El caso es que Roberto acepta el encargo y los templarios, que serán unos sectarios pero ante todo son educados, le invitan a quedarse a una ceremonia de iniciación súper secreta -con un señor al lado que le da toooooodas las explicaciones del por qué y cómo de cada símbolo- y cree ver una escena en la que el bicho disecado cobra vida y viola a los postulantes. 

Porque la coherencia interna es para débiles.

Aurora sigue haciendo agujeros en el suelo de Madrid sin éxito, a la vez que se encoña cada vez más con su contacto neonazi, que para eso es la protagonista fuerte, segura, deportista y lectora del Cosmopolitan. Entre medias, se ha ido reuniendo con Evaristo, que le cuenta más rollos históricos, hasta que un fortuito mail de Hans corta las obras -y los polvos- por lo sano. Aurora, confusa y despechada, vuelve a no hacer caso y se va con Evaristo a buscar la tumba de Velázquez a la que -¡qué casualidad!- sólo se accede a través de los túneles del metro.

Roberto se ha ido por su lado a Segovia, donde conoce a Saturnino Jiménez, otro señor mayor que regenta una vetusta (CLARO) librería y que le suelta otro coñazo infumable sobre la iglesia de la Vera Cruz. Aparte, comienza una relación con una chavala de dieciocho años que desea mantener su virginidad y con la que sólo practica sexo oral. De la opción anal no hablan, que esto no son los EEUU.

Un día se decide a volver a su casa y descubre que Eladio ha sido asesinado. Para colmo de males, Saturnino le envía constantes e-mails contándole cientos de historias de sociedades secretas y demás zarandajas danbrownianas, y Elvira desaparece, secuestrada presumiblemente por los misteriosos templarios del subsuelo. Roberto ya no puede más, y parte hacia la guarida de los caballeros en busca de respuestas.

Cuando llegué a este pasaje, recuerdo que pensé: "menos mal, se van unificar las dos tramas y se dejarán de rollos, ahora ya no hay mucho que explicar y comenzará la acción". Creo que si el libro hubiera podido responderme, se hubiera descojonado en mi cara hasta soltarme un esputo. Ah, que no, que eso ya me lo hacía desde el principio. 

Porque a partir de este momento, la trama empieza a saltar de escenario en escenario sin orden ni concierto. El autor debe pensar que se trata de un recurso cinematográfico, pero todos sabemos que se llama “un-puto-lío-de-los-cojones-que-no-me-importa-una-mierda”. En unas oficinas del CESID, Hans Elsner, el editor de Roberto -que tenía contactos con los templarios porque lo dice el autor- y un oficial del ejército están llamando a un grupo de élite de la legión para que vaya a buscar a... ¿a quién? Os lo cuento ahora mismo.

Resulta que al final los templarios no estaban en el subsuelo, básicamente, porque habían sido exterminados. ¿Por quién? ¡Por la sociedad Thule! Un grupo paramilitar liderado por un señor vestido a lo Matrix con ínfulas místico-ocultistas está registrando la misma zona hacia la que se acercan Aurora, Evaristo y Roberto. Éste último es quien llega en primer lugar, y decide que soltar una perorata a los neonazis es lo mejor para entretenerlos y que no le maten. Lo peor de todo es que tiene razón, y el jefe con ínfulas se pone a contarle un discurso aburridísimo sobre los templarios, los nazis... y la cruz de Caravaca.

A estas alturas hay una pregunta que ronda por la mente del lector. Al final ¿qué carajo están buscando en realidad? ¿La cruz, la tumba de Velázquez, ambas o ninguna? Quizá la unión de tramas nos ayude... y bueno, lo hace... con un par de giros sorprendentes. Sorprendentes porque nunca pensarías que cualquier libro que no fuera El rey de amarillo o El Necronomicón te volviera completamente loco y te incitara al suicidio.

Los neonazis encuentran a Aurora y Evaristo, que estaban escondidos, y matan al pobre señor que, en un sorprendente y nada manido pasaje, se interpone entre una bala y la joven. Luego, abren un boquete y descubren una tumba, con un cadáver dentro, que aprieta con sus manos esqueléticas una enorme cruz. Velázquez agarrando la cruz de Caravaca. El jefe de los Thule boys coge la reliquia, su cuadrilla pone un par de bombas, y se lleva a los protagonistas de rehenes en una furgoneta.

A partir de aquí, comienza un aluvión de informaciones confusas que pretenden crear diferentes giros de trama, pero que sólo consiguen aburrir al lector y hacer que no tengas ni idea de qué cojones está ocurriendo. Y que mires constantemente cuántas páginas te quedan.

De vuelta al CESID, descubrimos un dato interesante. Hans Elsner, el presunto contacto de los neonazis, era un agente encubierto del (OJO AL BINGO)…

¡Vaticano! Que además debe evitar que la cruz caiga en manos del…

¡Opus Dei! De hecho, es cura, jesuíta, para más señas. Se supone que el hecho de que se haya estado zumbando a Aurora da un poco igual, porque le habían encomendado que hiciera lo que fuera necesario para lograr su objetivo, que, a todo esto... ¿cuál es?

Una vez que ha explotado la tumba de Velázquez, parece claro que el McGuffin de la novela es la cruz de Caravaca. Esto es cierto en parte, porque de repente un nuevo escenario se presenta a nuestros ojos. Unos laboratorios franceses especializados en genética están esperando la confirmación por parte de no sabemos quién para hacer no sabemos qué (aunque en realidad nos lo vamos oliendo). También salen las conexiones vaticanas de Hans. En resumen, tenemos a cientos de implicados en una misma trama buscando la misma cosa, que en teoría sería la cruz, ¿o no?

Mientras, Roberto y Aurora van en la furgoneta con el jefe neonazi. Se supone que viajan desde el centro de Madrid hasta El Escorial. Deben de dar un rodeo considerable, porque el rollo que les mete el neonazi es para sufrirlo en las propias carnes. Comienzas a plantearte si el plan original del malo no será matar a los protagonistas a discursos. El caso es que deben llevar la cruz a El Escorial, porque el monasterio no fue erigido para representar la parrilla del martirio de San Lorenzo. Nooooo. Eso es para gentularia como nosotros, que vivimos en el Matrix y tenemos cara de que nos tienen que explicar mucho las cosas, así como en muchas páginas para que seamos un poquito menos faltos. En realidad, Saint Aymour nos da la clave de la verdad, y una nueva casilla del bingo. El Escorial se construyó como copia del…

¡Templo de Salomón! Y allí los Thule místicos podrán llevar a cabo una especie de ritual de poder. Pero ¿poder para qué? ¿Sacado de dónde? Por fin, medio millón de capítulos después, está el quid de la cuestión. La cruz de Caravaca alberga en su interior un compartimiento secreto donde se guarda...

¡La lanza de Longinos! Porque nunca hay referencias apócrifas de reliquias medievales suficientes. Pero es que la lanza, a su vez, contiene una ampolla de tecnología punta del siglo I pero de ahora que guarda en su interior…

¡Sangre de Jesucristo! ¡Ahora lo entendemos todo! ¡La portada tenía sentido! ¡La tumba de Velázquez y los templarios asesinados fuera de plano no! ¡Pero no importa! Porque Aurora hace el mejor comentario de toda la novela, que aporta todo un mundo de matices con respecto a la trama y a la inteligencia y savoir faire del personaje. Atada y escuchando el coñazo del neonazi, en un momento dado, se le enciende la bombilla y recurre al peor insulto, el más ingenioso que el autor saca de lo más profundo de su mente: "Sois unos fascistas". Así. A lo loco. Sin ambages. Sin sentido común. Y con un cipote del tamaño de la catedral de Burgos.

En medio del ritual del señor neonazi, se desata el caos. Todos los policías llegan, se lían a tiros, la ampolla se queda por ahí, Roberto y Aurora escapan, y no sabemos qué más. Fundido en negro.
Pasado un tiempo prudencial, Aurora se encuentra sola. Su trabajo con la tumba de Velázquez ha resultado ser un fiasco, ha perdido a su amigo al que ignoraba en prácticamente todo, ha perdido a su amante, que encima resultó ser cura y no se la follaba ni por deseo; y ni las tarrinas de helado, ni las revistas, ni los continuos visionados de Pretty Woman parecen poder ayudarla. Finalmente, recibe una llamada, una posible vuelta a la vida de aventuras que una vez disfrutó. La matan, y otra cosa menos.
Sí, con esa misma cara me quedé yo al leerlo.

¿Y Roberto? Lejos de morir como su coprotagonista, haciendo que el final arreglara el desbarajuste de esta novela, se despierta en una especie de sala de hospital. Finalmente, lo ha entendido todo, y conseguirá publicar su primer libro... ¿El ensayo coñazo sobre los templarios? ¡No hombre, mucho mejor! Ha decidido escribir... ¡La novela que tenemos entre manos! ¡Metaliteratura! ¡ARTE!

Y no es eso todo. ¿Recordáis a la chica de dieciocho años, bella y con unas curvas de escándalo, joven e inocente, pero convenientemente mayor de edad para no incurrir en delito? Resulta que Roberto y ella viven juntos, porque ¡No había sido secuestrada! ¡Formaba parte del complot! ¿De cuál de todos? Da igual, porque lo importante es que la sangre de Cristo sirvió para poder inseminarla, motivo por el cual debía mantenerse virgen. Y nuestro Roberto convertido en San José posmoderno. ¿Os imagináis al pobre San José a copazos de Brandy Soberano en el Café Gijón mientras escribe artículos sobre las feminazis y las lesbianas y su complejo de ausencia de pene? Pues ese es el brillante futuro que plantea Saint Aymour, un futuro sin sexo, pero con cojones. 

¿Qué? ¿Cómo se os queda el cuerpo? ¿Bonito, no? Pues nada, ya tenéis lecturaza para el verano. Una novela trepidante, llena hasta los topes de información completamente innecesaria, tramas entrelazadas que no aportan absolutamente nada, personajes asesinados fuera de plano, galdosismo mal entendido, templarios, Thule, caballeros de Malta, Opus Dei, lanzas de Longinos, Sábanas Santas, relaciones sexuales satisfactorias y relaciones sentimentales que te dejan con el culo torcido. Para que luego os quejéis de que no recomiendo cosas buenas. 

¡Feliz verano, cipotúders!


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Mis aventuras laborales a menudo son frustrantes. Por ejemplo, el otro día me pusieron una reunión para preparar una reunión, lo cual es una señal inequívoca de por qué hemos fallado como sociedad.

Naturalmente, yo me reuní con mi equipo para preparar la prereunión, en una escalada aritmética que podría haber acabado con el universo tal y como lo conocemos, pero que gracias a dios terminó con todos tomando un té y hablando de cómo una compañera de trabajo me acababa de decir “Tú tuviste que haber sido guapo de joven, Paco”. Sí: no sólo llevo una semana deprimido por ello, sino que, además, he conseguido meter en otro post una referencia a mi neverfuckerismo. Hay constantes de Vicisitud y Sordidez que merecen ser respetadas.

Sin embargo, hay veces que las aventuras laborales llevan a la risa y la diversión, y ahí es donde retomamos otra constante clásica del blog: Los clones de combate. Esto es, las películas diseñadas para aprovechar la fama de otras de más éxito y así ganarse unos cuartos. La última vez que visitamos este género fue con Tomcat Pictures, cuya salud empresarial actual desconozco, aunque hace un par de años estuve hablando con el agente de ventas mientras veía atónito el trailer de ‘Bigfoot vs Zombies’ y pensaba que quizá al final no estemos fallando tanto como sociedad si hay gente con tan poca vergüenza para producir eso.

Alrededor del mercado de Cannes recibo muchísima promoción de películas de bajo presupuesto. Las más divertidas, por supuesto, son las religiosas (¡Una peli mormona sobre la ÉPICA del coro del tabernáculo! ¡Eso lo petará en España!). Pero luego están las de siempre: cosas de género con mucho más mimo puesto en el potochop del cartel que en la producción en sí. Algo que recupera la tradición de los italianos en los 80, pero con un problema: mientras aquellas cosas rodadas a veces hasta en 35 mm parecían una película, estos tráilers que muestras imágenes grabadas con cámaras digitales semi pro con una corrección de color monocroma que haría que los lacrimales de  Zack Snyder eyacularan de placer. Esto es, que tienen más pinta de corto rodado entre amiguetes detrás de su casa que otra cosa.

Justo lo que dijo una crítica de ‘CineBasura: La Peli’. Pero no entraremos en ese tema ahora mismo. Quizá cuando saquemos el DVD-BR COMPRADLO HIJOS DE PUTA QUE NOS QUEDA MUCHO PARA AMORTIZAR LA INVERSIÓN.

Las agencias de venta internacionales más chungas siempre suelen tener una o dos claramente diseñadas (que no siempre rodadas) para venderse como clones de combate. Cuando llegó 'Mad Max Fury Road' aparecieron un par muy bonicas que, obviamente, compartí por facebook, pero que no daban para actualizar el blog.

Y entonces, el otro día, cierta compañía ya conocida por mí mandó su última oferta de títulos. La cosa era tan vergonzosa que hasta dos amigos del sector me lo reenviaron por la risa. Por la risa y con el un objetivo: El Paco tiene que dar a conocer esto al mundo sórdido.

Pues allá vamos.

La compañía:

High Octane es una distribuidora internacional bastante reciente y de gran pedigrí: el fundador trabajó en varios proyectos con Marcus Nispel como su ‘Conan’. Vale: tachad lo de 'gran pedigrí'. O mejor no: realmente es la información que los amantes de la caspa necesitamos, porque aquel aborto sobre el cimerio fue para mí una experiencia única: era la primera vez en mi vida que sentía la necesidad física de pillar un micrófono y marcarme un audiocomentario en directo. Tal fue la risa.

Las distribuidoras internacionales son empresas que pillan películas o bien ayudan a completarlas en algunos casos y las venden en los mercados de cine (Berlín, Cannes, AFI…) a compradores con ganas de rellenar sus cines (o, en este caso, parrillas de televisión) con objetos que les sirvan, chorradas audiovisuales baratas mucho mejor (que diría Tojeiro, que creo que ha pasado tanto tiempo que hay que explicar este tipo de referencias para los lectores mileniales no curtidos, pues recordemos la edad gráfica de este blog):
Este blog, que tuvo que ser guapo cuando era joven
De un tiempo a esta parte, High Octane ha optado inmisericordemente por tácticas de clonación. Lo cual nos lleva a...

El catálogo en cuestión:

Uno de los problemas que me ha hizo retrasar hasta hoy la escritura de este post es que la mayor parte de tráileres están ocultos, y yo soy de respetar los deseos de la gente. Pero hagamos una selección de algunos títulos para que podáis comprobar que la salud y perspectivas de negocio de la práctica de vender clones está mejor que la de un empresario en Soto del Real. Agrupémoslos en dos grupos:

Los clones tradicionales

Son aquellas películas que no meten la clonación descaradamente en el propio título. Como hacían los italianos antaño en la algunas ocasiones: que te querías copiar ‘Mad Max 2’, pues ‘Texas Gladiators’. Que te querías plagiar ‘Conan el Bárbaro’, pues ‘Ator, El poderoso’. Que viene a sonar similar, pero no es, digamos un ‘2020 Tras la caída de Nueva York’ frente a un ‘1997: Rescate en Nueva York’. O, en mi caso favorito de desvergüenza, un ‘Tiburón 3’ apócrifo (caso favorito básicamente porque se podría argumentar que la de Castellari era mejor que la verdadera ‘Jaws 3D’)

Empezamos fuerte con una nueva adición a su catálogo: una cosa llamada ‘The 13th Friday’ que ejemplifica el TXOTXO que montan estos clones de combate a la hora de timar y copiar todo lo que se ponga a tiro: El título y el gancho de venta es “Viernes 13 + Expediente Warren”. Pero el póster me hace pensar en otra cosa. En ideas novedosas. En un genio de los guiones pensando: “Vale que en ‘Hellraiser’ la caja Lemarchand es cuadrada. Lo que necesita el mundo es una mejora; UNA CAJA REDONDA”
Apuesto a que cuando haya remake de Hellraiser le cambian el título para venderla otra vez.

Pero… ¡Cuidadín! Que el cacao mental continúa. El tráiler nos muestra una cosa que mezcla la cajita con monstruos de ‘The Descent’, un momento de ‘La Momia’ (la divertida) y fantasmas con la cara negra. La trama de la web nos dice que va de “Seis amígos en busca de emociones fuertes se ven intentando escapar una maldición tras entrar en una casa con un pasado oscuro”. Ahí tenemos ‘Expediente Warren’ (los fantasmas) y un poco de ‘Viernes 13’ (seis subnormales que querremos ver morir). Pero, por si la cosa no queda clara, esto dice la IMDB de la trama:

Robert, Nico, Steffany y Carla, graduados de instituto, viajan a Crystal Lake (sic) en pos de el último creepypasta (sic sic) del famoso asesino Slenderman (sic SIC SIC SIGH)... pero resulta que estaban en el lago equivocado (SIC SIC WHAT THE FUCKING WHAT)”

Ahí está. Cubriendo todas las bases.

Otros ejemplo es una tal ‘1000 Days in Space’ clonando ‘Gravity’, porque no sólo de caspa de terror vive el consumidor. La pena de este título es que es un ejemplo de una de las prácticas más comunes en estas compañías desde tiempos de la Troma: comprar pelis y cambiarles el nombre. Curiosamente, no tan ‘clonificado’ como podrían. Yo le habría puesto: ‘Ingravity’, ‘Transtellar’ o ‘Gravity 0 - Desvergüenza 1’’, pero eso sólo demuestra que tengo los pocos escrúpulos suficientes como para trabajar para The Asylum.

El caso es que esto es una cosa que se llama ‘Project M’ y parece un esfuerzo canadiense medianamente serio. Pero como de intenciones no se amortiza una película (DVD de CineBasura a la venta a principios de septiembre…), esta producción de 2014 ha acabado con otro título por estos lares.

Pero hay más. Porque está claro que el espacio es algo barato ahora que hay efectos por ordenador. Así que puedes poner a un tío por el bosque perseguido por CGI cutre en el tráiler menos emocionante de la historia del cine:


El póster, obviamente, es éste:
Disclaimer: Si piensas que vas a ver esto en la peli, es que no has visto suficiente ciencia ficción de bajo presupuesto.

De ciencia ficción hay un puñado importante (por ejemplo, un ‘Taking Earth’ clonando 'Independence Day’ con la lógica de titularlo como lo que vienen a hacer los extraterrestres… bien jugado, señores), pero me divierten más los diseñados para el posible éxito del momento que todavía no se ha estrenado. Una tradición muy Corman o Asylum. En este caso la película elegida es ‘It’, así que ya sabéis lo que toca:
¡Payasos asesinos que no son del espacio exterior!
El tema de las pelis con payasos chungos es algo que viene de lejos en el cine colonoscopia (la Full Moon, por ejemplo, tiene la analmente dolorosísima saga ‘Killjoy’). Ésta te la venden al menos como una mezcla de la de King y cierto éxito de los 80. Pero en la otra de payasos de la web son claretes a la hora de explicarlo. ¿Que por qué, osado comprador de cine, deberías comprar esto? Porque “Títulos similares: It”. Que lo mismo no te había quedado claro con el póster cómo ibas a vender la peli y cuándo ibas a sacarla en DVD:

Por supuesto, hay también un buen puñado de pseudo Expediente Warrens con diversos nombres: ‘A Haunting in Cawdor’ tiene un título que recuerda a la saga de ‘Haunting in…’ que sufrimos hace tres o cuatro años, pero se vende como clon de ‘Jóvenes y Brujas’ porque, fuck: esa tiene remake pronto. “The Covenant” se vende como clon de “The Witch” a pesar de ser contemporánea, “The Amityville Exorcism” se vende como un cruce entre… bueno: tampoco es muy difícil imaginarlo. “Infernal” (con esta tienen toda la gracia de decir que el mejor punto de venta es el “Fuerte cartel”), “Sacrilege” (con monja fantasma en la portada, porque una vez abierto el mercado de novicias espectrales la cosa no parará hasta el año que viene que salga otro monstruo más molón)... you get the point. Es que no vale la pena ni poner esas carátulas. Vosotros habéis venido aquí a otra cosa. Habéis venido a...

Las “Vamos a engañar a tu abuela”:

Esto es lo que os gusta de verdad: la poca vergüenza nivel ejecutivo del Banco Popular. Los clones de combate que no tienen ningún reparo en intentar confundir a la gente y hacerles pensar que están ante una película de alto presupuesto. Vemos qué tiene que ofrecer High Octane en este terreno.

Empezamos por la bomba definitiva. Tienes una película llamada ‘Telelios’ que ha pasado por varios festivales:
Telel… Telai… Telili… ESTO HAY QUE CAMBIARLO
Así que para vender mejor…
Es del espacio, hay una nave… ME VALE
Pero con eso no tienes suficiente. A lo mejor hay alguien en Wichita Falls que puede pensar que esto es otra cosa. Al fin y al cabo la palabra 'Trek' es algo que usan cuando van por el campo con los amigos a disparar latas ciervos y violar latas de cerveza. O viceversa. Así que:
Así, sí.
El tráiler es de esos de un montón de gente hablando para ocultar que tampoco hay acción. Porque, ¡para qué rodar hostias y explosiones si ya tienes un cartel donde ponerlas!

Siguiendo en el espacio, no olvidemos que hay una franquicia que está muy en la mente de los fans últimamente. Con frases que transmiten mucho cariño. Concretamente algo así como “Ridley Scott me cagontusmuelas, joder ya”. Y es que “Alien: Convento” ha intentado como sea arreglar el desaguisado de “Prometheus” en plan “Voy a responder mal al cliffhanger de la anterior, voy a poner gente casi más retrasada, a crear una respuesta a una mitología que a nadie le interesa y, aluego, hacer un remake de la primera parte durante los últimos 20 minutos”.

A mí la peli me gustó, la verdad.

Pues High Octane nos ofrece completar la experiencia colonoscópica de la última de Scott con su…
...porque la palabra ‘Alien’ no está registrada.
Lo más fascinante de los trailers que no os puedo mostrar es que son más aburridos que cualquiera que te pongan en los cines Golem. Eso ha de ser un tipo de record mundial. El de la siguiente película, sin embargo, parece montado por alguien con trastorno de atención y mucho amor hacia el protagonista/director/guionista (estos tipos ególatras del bajo presupuesto que se creen que pueden dirigir y protagonizar sus propias mierdCOMPRAD EL DVD DE CINEBASURA: LA PELI)

¡Pero Paka!” - exclamarán ustedes antes de darse cuenta de que hablar mientras se lee esto en el metro te hace parecer exactamente el tipo de loco que eres por visitar Vicisitud y Sordidez - “¡Pero si parece una peli genérica tonta de alguien que ha visto muchas veces ‘24’! ¡No plagia a nadie claramente!

Pues para eso están nuestros amigos de High Octane:
Un cambio de título y, ya que estamos, nombramos otra franquicia en el eslogan.

Paso rápido por un clon británico de Fast And Furious titulado “Road”. Como el título no es de engañar demasiado, tampoco merece la pena. Excepto recalcar que su mayor reclamo de fama es que el director es también operador de cámara, guionista, director de producción, director de foto y director de arte.

Y director de reparto, ayudante de vestuario y diseñador de vestuario.

Y montador, productor, diseñador de producción y, finalmente, atrezista.

Y jefe de especialistas.

Por el amor de feck: está acreditado también como “Miscellaneus Crew” en la IMDB. Le da un nuevo sentido al término ‘Autor’. Eso o ‘Control Freak’. O “Llevo toda la vida inyectándome silicona en mis testículos para tener los huevos más grandes del mundo”.

Con la que quería terminar, pasando también de un ‘Gremlin’ (sin ‘s’ final) y un ‘Ouija Summoning’ (que se vende hábil y sutilmente como "Similar al filme ‘Ouija'"), es con ‘Cannibal Farm’. No por nada en especial. Básicamente es porque pasé por encima cuando vi el catálogo hasta que salió el nuevo póster. El muy sutil póster:
Porque ¡para qué diseñar un nuevo disfraz del malo con motosierra!
La sección de ‘trivia’ de la IMBD aclara, por si los espectadores sufren retraso mental profundo, que “This film is heavily inspired by the Texas Chainsaw Massacre franchise.” NO JODAS. LO QUE PASÓ A CONTINUACIÓN AL VER EL TRAILER ME SORPRENDIÓ:


Así que aquí tenéis un breve repaso a lo que se estila en el mercado internacional actual de la serie B. Os pensáis que los tiempos de gloria de los plagios son de otra época. No, buenos lectores: con las cámaras digitales y un poco de desvergüenza cualquiera puede hacerse una de terror o ciencia ficción basada en sus pelis favoritas y luego encontrar a quién la maquille para colarla a distribuidores o televisiones a las que les de todo igual. Sólo es necesario, eso sí, tomarse tu peli muy en serio. Ir de 'Peli de verdad' (tm). No ser gilipollas y hacer una de bajo presupuesto de coña llena de chistes, metalenguaje y guiños a la situación política nacional, que eso no hay manera de venderlCOMPRAD EL DVD DE CINEBASURA, POR DIOS, QUE NO SE LA HEMOS COLADO NI A HIGH OCTANE!


Bonus Track: Atención a una de las pocas del catálogo que no son un clon claro. Si el título no te ha ganado es que no tienes corazón.
O que esperas que por fin se produzca un 'Gibraltar Undead'. Me tendré que poner yo a ello...

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