Vicisitud y sordidez

Nuevas vicisitudes

Aquí Paco Fox. Lo digo porque la mayoría de la gente no lee la firma al final de los artículos. Y bien que hacen. Porque en ente bloj somos una hidra multicéfala. Un mecanismo en perfecto funcionamiento unidos por la fascinación por la chunguez.

Y luego está Marlow, que vive en su propia república mental.
En la foto: la mente de Marlow en un día normal.
A veces os mostramos un pequeño vistazo al proceso de confección de Vicisitud y Sordidez...
En la foto: El proceso de confección de Vicisitud y Sordidez en un día normal.
... como ya ocurrió con el viejo artículo 'Cómo escribir un post de Vicisitud y Sordidez', el cual, quitando el tema de las carreras de F1, sigue estando vigente. Hoy simplemente se trata de la típica actualización vaga para tapar el hecho de que no he podido escribir un post tal y como tenía previsto. Cava Baja y Vicisitud acaban de hacer los suyos, Marlow tiene uno a medio terminar y Guille está atascado en una apuesta sofista sobre intentar alabar a un onvre insalvable (no revelaré su identidad). Así que básicamente me tocaba a mí. Pero ayer empecé a escribir un artículo-secuela tardía a lo 'Tron: Legazpi' de la saga 'El Héroe de No Follarás en la Vida' (tm) y... vaya; que como que no veía el enfoque gracioso habida cuenta de cómo está el patio en redes sociales con el tema de ligar.

Pero vamos, que como me conozco y reciclo más que Bruno Mattei y David Goyer juntos, no tardaré en rescatar lo escrito.

Así que pensé en publicar un artículo que escribí para otra web cuyo dominio ha caído. Pero en esto que estaba buscando fotos para ilustrarlo y me invadió ese familiar e imposible de aplacar deseo de rascarme el sobaco. Y, luego, el de exhibir mis masturbaciones.

A ver: no las de verdad. Me refiero al término 'onanismo' como metáfora de exhibicionismo de los propios gustos en internet sin otro afán que propagar mi frikismo. Te lo digo a ti, bot de google a la caza de censurar este artículo en las búsquedas o flaguearlo como blog no apropiado para la publicidad (nos ha pasado y nos sigue pasando).

Tal exhibicionismo se ha traducido en empezar a alimentar más todavía mi canal de Youtube. Algunos recordarán que lo abrí hace tiempo para poner mis gameplays de Spectrum, algo que empecé sólo para escribir un post sobre el tema, pero que he seguido haciendo vaya usted a saber por qué problema mental enparticular y falta de decoro en general.

El caso es que me dio por hacer alguna grabación en plan vlog (o, en nuestro idioma, vloj). A mis años. Que no hay nada más patético que un señor con barba blanca haciendo cosas de Youtuber.
Pongo el meme yo antes que lo hagáis vosotros.
Pero nadie ha dicho que yo sea coherente, y mucho menos mi psiquiátra. De lo que se trata es que hay muchas cosas de las que me gusta hablar con la gente cuando no tienen escapatoria, pero que no son del todo adecuadas al tono de ente sacrosanto bloj. A veces hasta he pensado en escribir aquí de Dire Straits, pero hasta yo reconozco que sacarle la gracia al guitarrista más soso del mundo es complicado. Porque básicamente por ahora se trata de hablar de música que me gusta. No descarto en el futuro rajar sobre cine, juegos o, sí: pintura. A gusto del consumidor. Que dudo que sobrepase el mágico número de 200 reproducciones, pero qué más da. Esto se hace por lo mismo que el resto de Youtubers de cierta edad:

Para luchar contra el oscuro vacío existencial.

Empecé con uno sobre mis vinilos de la adolescencia, básicamente inspirado por uno similar que hizo mi amigo Julián Almazán:


Luego continué con mis singles. También de la infancia en su mayoría, porque comprar esas cosas en la era de Youtube, pues como que es raro:


A continuación, me metí con mis discos favoritos de rock progresivo porque así dejo clarísimo que no tengo la más mínima intención de que me vea un público más amplio:


Naturalmente, tenía que complementarlo con los NO progresivos, para demostrar que soy una persona poliédrica, compleja y, para desesperación de los que quieren encasillar los gustos, a la que le encanta Erasure.


Finalmente, ya envalentonado como adolescente de los 90 entrando por primera vez en un sex-shop para comprar un butt plug, me lancé a hacer una lista. Concretamente, de toda la discografía de Mike Oldfield:


¿Qué será lo siguiente? Probablemente siga con listas. Una del mentado Mark Knopfler. De Jethro Tull. Incluso de clones de Mike Oldfield. Quizá me pase a hacer otra de Estudio Ghibli. O de mi colección de las Sylvanian Famili... Ah no. Que ese es el artículo que no pude escribir y que ha sido sustituido por esta actualización vaga.

Si es que la sociedad ofendida actual te quita las ganas de hacer chistes. Y sí: voy a acabar por primera vez un artículo de Vicisitud y Sordidez en tono bajo. Porque este bloj es casi tan viejo como yo y ya hacemos con él lo que queremos.
En la foto: Vicisitud y Sordidez.
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Ya que estamos de puente, que mi nuevo artículo sobre literatura sórdida se retrasa porque aún no tengo el libro que ando buscando desde hace tiempo, y que tengo vecinos que disfrutan poniendo a toda pastilla El secreto de Puente viejo, me gustaría escribir un articulillo de esos para tirar del hilo.

Pongámonos en situación: una mujer rubia, que comenzó de forma modesta y recatada, que decidió seguir su propio camino, llegó a lo más alto, cayó en el abismo y, finalmente, se unió a un gallego barbudo para, de nuevo, resurgir de sus cenizas hasta que su estela se apagó y, supuestamente, nada se volvió a saber de ella.

No. No es quien estáis pensando.

Sí. A veces sois unos maliciosillos.

Se trata de Amaya Saizar.

A nuestra sociedad le encanta erigir mitos con pies de barro -o con los cimientos de Calatrava, que viene a ser parecido- para ver cómo se derriten bajo el sol de una nueva moda, un nuevo mito de repuesto o, simplemente, una crema de Olay. Pensando en grandes mitos de la música patria que llegaron a lo más alto para desvanecerse en las nieblas del tiempo (véase al ínclito RAULITO), la carrera de Amaya Saizar no llega a tanto, pero la munhé ha tenido más evoluciones que un Pokémon, se ha metido, con y sin calzador, en todo tipo de agrupaciones y se ha codeado con todo bicho sórdido y viviente. Su historia es un periplo curioso que todos debemos compartir para que, como quería Tolkien, existan nuevos héroes que nos enseñen los VALORES y rehagan la mitología de nuestro siglo.

No tengo claro que el concepto "nuestro siglo" quede en muy buen lugar después de esto, pero... ¡Qué carallo! Aquí hemos venido a jugar, y jugar no es otra cosa que divertirse.

CAPÍTULO I. TRIGO LIMPIO

Nuestra historia comienza con una joven de voz prodigiosa que, con tan solo dieciséis años, se une a un señor con una mandíbula tan rígida que haría sonrojar a Silvester Stallone (Iñaki) y a otro ser humano con biogotillo que pone siempre cara de intenso (Carlos). Este trío se llamaba Trigo limpio, y comenzó como un grupo folk en 1975.
Joven adoleciendo con dos intensos en el balcón. Óleo sobre lienzo.

Si ya el hecho de hacer un grupo de folk vasco podría dar puntos de vicisitud en la actualidad, recordemos que estamos en los años setenta, y el folk y la polifonía se habían puesto de moda ya desde la década anterior. Pensemos en ABBA o Mocedades para hacernos una idea. Pero que tu repertorio incluya títulos que van desde “Aurtxoa Seaskan” a “Yo nací en Oregón”, así, a bulto y de primeras, nos da una idea de que aquellos jóvenes intensos tenían mucha fe en sí mismos, como poco.
Y no les faltaba mucha razón. En sus inicios, Trigo limpio se caracterizaba por hacer canciones de impecable factura, pero con letras ñoñas a más no poder. Es decir, eran un puro grupo de la Transición, con letras en la línea de Jarcha o Nuestro Pequeño Mundo, pero con un poco menos de vergüenza.

Además, los Trigo limpio eran bastante conservadores, por lo que no tardaron en cosechar sus primeros éxitos con canciones anti abortistas como “Adiós, mamá” o “Pequeño Juan”. No sé cuál de las dos letras es más efectista, pero ambas son de un costumbrismo dramático que, así a priori, da un poco de cosa. Sumemos a todo esto temas con metáforas ramplonas de la recién adquirida libertad, como “Txikita”, y tenemos el equivalente musical al batido de proteínas que se prepara el Chuache en su apartamento mugroso en las primeras escenas de El fin de los días.

El caso es que tenemos a un grupo folk polifónico con una voz femenina alucinante que no termina de despegar, hasta que los escucha el ínclito Juan Carlos Calderón. Y en 1977 comienza todo.
Juan Carlos les debió decir que era muy bonito hablar de no al aborto en un saloon del Far West mientras gritas “Soy celtibérico, aprendiz de caballeroooooooooo”; pero que para convencer al público había que centrar un poco el tiro. Y así, el gran compositor le otorgó al grupo folk-country-transición- ñoño la que sería su nueva seña de identidad: El morbazo.

Con “Rómpeme, mátame” Trigo Limpio se presenta en el festival de la OTI, quedando en tercer puesto. Su fama en América va creciendo, y pronto llegarán el chingle definitivo que los catapultará a la fama en España: “María Magadalena”, que va seguido del no menos curioso “Ven a Jerusalem”. ¿Por qué aquel giro de trama inesperado? ¿Se trataba de canciones tipo iglesia? ¿Se habían pasado los Trigo limpio a los cristianos de base y se marcaban misas campesinas? ¿O serán acaso los precursores de la Biblia enseñada a los Sórdidos que traerían Amistades Peligrosas bajo el brazo años después?

Lamento decir que no habéis acertado ninguna. Recordemos que Juan Carlos Calderón dijo que Trigo Limpio debía basarse en el MORBAZO, así que no. ¿Hablamos de que ahora el grupo era del club de fanses de Jiménez del Oso? Un nuevo error. Escuchadlo vosotros:

En efecto. Como habéis deducido, Jerusalem podría haber sido Valdemorillos de Abajo, y María Magdalena, los pitufos makineros. Se trataba de un vulgar cebo para atrapar a cuantos más peces, mejor. Y así fue. Trigo limpio lo petó como nunca antes en su historia. Era ya 1979 y el futuro se presentaba sumamente alagüeño para nuestros intensitos de pro.

Pero Amaya no estaba conforme. Algo en su interior le decía que tenía una misión en el mundo de la música. Que algún día debía responder a la llamada de la sordidez. Y así, con su maleta llena de sueños y su voz de porcelana, Amaya dejó Trigo limpio  y quiso sacar un disco en solitario.

Mientras el señor del bigotillo y el que no tenía mandíbula encontraban a otra cantante (Patricia), Amaya preparaba su disco Autorretrato, compuesto y producido por Juan Carlos Calderón.
Por su parte, Trigo limpio había decidido seguir la estrategia de la OTI. Si en América había funcionado, ¿qué había de malo en probar en Europa? Dicho y hecho, José Antonio Martín les compuso “Quédate esta noche”, cumbre del morbazo patrio, que cuenta con un crescendo a galope tendido que ríete tú de la obertura de Guillermo Tell. Los tres seres marcharon al festival de Eurovisión nada menos que en 1980, uno de los mejores años ever.

A pesar de que interpretaron el tema con gran intensidad -¡Claro!-, no fue suficiente, y quedaron en un discreto décimo segundo puesto.  Ni siquiera pudieron ser ganadores morales del festival con su falsete de “Juntos veremos los dos/ por este gran ventaNAL/ LA MAÑANA LLEGAR Y SENTARSE A TUS PIES/ CUANDO ESTÉS DISFRUTANDO MI AMOOOORRR”. Para eso estaban los sordidazos de TELEX, que siguen siendo uno de los mejores grupos pre-hipsters de la historia eurovisiva.

Morbazo cañí
Imaginad el jeto que se le debió quedar nuestra Amaya contemplando todo esto. En 1983, después de ver que Autorretrato había sido escuchado por ella y los que estuvieran en el estudio de grabación, la discográfica le dijo que pasaba de hacerle más discos. Estaba desolada, nadie comprendía su potencial ni su talento, pero había una salida. La empresa le daba la opción de crear un grupo con dos onvres y otra munhé, al estilo ABBA, para ir a lo seguro y sacarse una perrillas.

Y de un casting que debió ser la envidia de aquel que hicieran las Spice Girls en los noventa, surgió Bravo.

CAPÍTULO II. FRAFO

Bravo fue un grupo de cuatro buenas voces que bien podía haberse llamado “Amaya y otros tres”, que básicamente fue lo que pasó. Sin embargo, lo bueno que salió de aquel nuevo mejunge musical fue para enmarcar.

De entrada, Amaya ya estaba empezando a crecerse como artista y estaba harta de que la ningunearan, por lo que comenzó a practicar el molarse mucho a sí misma con la fuerza de los mares. Yolanda Hoyos era una chica muy jovencita con cara de TRONCA que había participado en Miss Universo y que sudaba kilos de laca de la música melódica. Esteban  aportó un buen bigotón y un pelazo cardado que, unido a sus ojos azules y su Mirada Seductora TM lo convertían en un dandy de los de cadenuca de oro al cuello y copita de coñac. Luis, por su parte, era un estudiante de medicina que aportó una melenilla lacia y una carusa olvidable. Eso sí, tocaba muy bien el piano.
Welcome to the spanish 80's
De la mano de aquella improvisada Lija de la Gustizia, Amaya Saizar compuso una coplilla sobre una mujer mayor que vivía paseando entre las ilusiones de un amor perdido. Y, de esta vicisitúdica forma, Bravo fue a Eurovisión en 1984, otro de los mejores años de la historia, con “Lady Lady”. Quedaron terceros, mejor que Trigo limpio, y triunfaron sobre todo en Alemania, además de petarlo en América Latina, adonde el grupo salió de gira de inmediato. Amaya, la rubia mágica, lo había conseguido. Su valía había sido probada.
Bravo sacó un segundo disco en 1985, llamado Noche a noche, que tiene un temaso sideral tan maravilloso como “Secreto”. Dejo el videoclip, que no tiene desperdicio. Bolas mágicas, trajes de mago del todo a cien de la esquina, planos plagiados de diversos videoclips de ABBA, refrito de imágenes de sus actuaciones en América… pero con Segovia de fondo, que parece que aporta más cercanía… y menos presupuesto.


Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Finalmente, las tensiones entre los componentes de un grupo que ni eran amigos, ni casi conocidos, y que pasaban mucho unos de otros y de la propia música que hacían, desintegraron la formación, de tal suerte que, salvo Amaya, ninguno de los otros tres se dedicó a la música tras su paso por Bravo. Una pena, porque los dos discos que sacaron son bastante decentes, todo hay que decillo.
Amaya Saizar, cual Atila, no dejaba crecer la hierba en su camino hacia la conquista del mundo musical. Eurovisión no había sido suficiente. Quería más.

CAPÍTULO III. VENUS DE MORATALAZ

De nuevo, Amaya estaba sola, pero nadie confiaba aún en ella para sacar un disco en solitario. Y, como si de una Cossette de Dumas se tratara, la vasca de oro tuvo que aceptar entrar en otra formación, bastante distinta del glamour de Bravo, pero mucho más divertida.

Los directores de casting deben seguir con el cachondeo a día de hoy, porque no se les ocurrió otra cosa que Amaya fuera implantada en medio de… ¡las dos hermanas Abradelo! Sí, aquellas presentadoras-cantantes-jamelgas que tenían la boca como un buzón de correos. Y que a finales de los ochenta eran jóvenes y lozanas, y con un estilismo que daba más miedo que vergüenza.

 De esta guisa, nació Venus. En realidad se trataba del típico grupo de chicas que cantaban temas del verano, pegadizos y con letras picantes. He ahí el estupor que genera ver a nuestra Amaya, la rubia que lo había sido todo, la mujer de la voz de porcelana, poniendo cara de “yo en realidad no estoy aquí” mientras canta algo sobre una ola traviesa que le arranca un tanga de cuajo o algo así, y las Abradelas bailan como puestas de speed. Impresionante documento.

Inquitetante. Apocalíptico.

Huelga decir que las Venus no sacaron más discos.

CAPÍTULO IV. GALICIA CONECTION
Los años noventa habían llegado, y Amaya había pasado ya por demasiados grupos. Como Sara Montiel cantando en El Molino en El último cuplé, sentía que su carrera se iba a pique. ¿Qué podía hacer? ¿Quién confiaría en ella, después del fiasco de Venus, para sacar su tan ansiado disco en solitario que le permitiera demostrar de una vez todo lo que ella valía?
Entonces llegó ÉL.

Sí, hamijos. Hemos hablado de morbazo, Barón dandy, puros y coñac. Solo un onvre podía confiar en Amaya para rescatarla y hacerle un disco digno de su talento.

Aquel caballero de brillante armadura no podía ser otro que Juan Pardo.

La pruefffa del delito
Juan Pardo, uno de nuestros gallegos favoritos, conocía el potencial de Amaya Saizar y, no contento con escribirle una canción, le hizo un disco entero para que brillara como merecía. El álbum, llamado Tengamos la guerra en paz (1990), tiene todos los elementos de los discos de nuestro onvre: épica, subidones e historias de cuernos.

Uno de los más bellos detalles fue que Pardo le regaló a Amaya un tema de despedida de un amigo que había muerto, llamado “Sin ti, Manuel”. Es una joya de gran valor sentimental, que honra a Juan Pardo como persono y como ente cósmico. Si a eso le sumamos la balada “Aufwiedersehen”, ya tenemos la contribución absoluta de Juan Pardo y Amaya al idioma mundial. ¡Grandioso!

Amaya en los 90
El disco que Juan Pardo le hizo a Amaya Saizar tuvo un éxito relativo, pero no fue ni un fiasco, ni un desastre, y tras este inicio de década realmente JLORIOSO, Amaya no volvió a sacar un disco en solitario, aunque se puso a colaborar en discos del propio Juan Pardo, Manzanita, Bertín Osborne y Rafaela Carrá. Incluso fue requerida por Demis Roussos en un momento dado para una canción. Lo que pasa es que lo que ella denomina “arropar las canciones con su voz” en su blog es algo más parecido a “hacer los coros”, cosa que no es para nada deshonrosa, pero que nos hace ver que esta mujer en solitario nunca terminó de cuajar.

En 1996, visto que como solista seguía sin comerse un colín a pesar de lo mucho que molaba, decidió tomar cartas en el asunto y hacer lo que mejor sabía: montar grupos de la nada. Con su hermano y unos cuantos ex Mocedades, formó Txarango, como quien hace un grupo de mercenarios con ex combatientes de la guerra de Vietnam. Folk vasco de nuevo, que tampoco tuvo mucho éxito. Aunque versionan a Bob Dylan. Sacaron un disco y, de nuevo, nuestra rubia indómita salió por patas buscando nuevas oportunidades de triunfar.




CAPÍTULO V. EL SIGLO XXI
A partir del nuevo siglo, la carrera de Amaya es un batiburrillo un poco complejo de seguir. Más que nada, porque ella sigue luchando. Es incombustible y busca cualquier idea para seguir cantando, buscando el triunfo que cató en el pasado y que está segura de poder encontrar en el presente. Como veis, su tenacidad y sus inquietudes no dejan títere con cabeza.

En 2000, Amaya pensó que resucitar Trigo limpio sería una buena idea. Carlos e Iñaki no. Pero daba igual. Ella se plantó en México con dos mexicanos jóvenes y todos se fueron de gira por Hispanoamérica porque EL ÉXITO.

Ya os aviso que Trigo Limpio ha tenido más movimiento de integrantes que Infinity War, así que no es de extrañar que primero salga con dos señores diciendo que son Trigo limpio…

Y que luego plante sus huellas en México con estos otros dos señores, diciendo exactamente lo mismo.

Ya os avisé de que el siglo XXI nos trae a una Amaya desaforada, dando más vueltas que un ventilador.

En 2005, Amaya se juntó con otros tres seres para grabar un disco con letras de… ¡Santa Teresa de Jesús! Tengo que decir que en todos los lados de la intenné me sale que el disco es de 2005, pero algo en mi interior no se fía de este dato –los arreglos me parecen de los 80 o incluso 70. Si alguien puede confirmarlo, os estaría agradecida. Pero no hablemos de mí. Hablemos de este discazo que, con semejante materia prima, no podía salir mal ni por asomo. Dejo el tema principal que está de un rebonico que de verdad de fuá. Vale, algunas canciones, más que a Renacimiento, suenan a grupo de parroquia con guitarrita, pero el disco está bien.
En 2007, a Amaya le sigue dando por volver al pasado, y se planta en Misión Eurovisión para ver si puede volver a ir al festival. El resultado es un derroche de molarse mucho con una maravillosa voz en decadencia. Porque lo mejor de todo es que ella SE SIGUE MOLANDO A PESAR DE TODO. Pero bueno, si veis el vídeo podéis intentar explicarme por qué no fue, porque yo, desde luego, le habría dado todos los puntos solo por el entusiasmo.


En 2008, sacó un chingle muy bonito llamado Sin ti. Versión de una canción de Omar Alfanno, un cantautor panameño que, para los que no sepáis quién carajas es, se trata de la persona que compuso ESTO.

Se supone que el tema que versiona Amaya fue compuesto en 2001, pero qué queréis que os diga, a mí me suena un pelín viejuno. No sé si será porque parece grabado en el garaje de su casa o porque los arreglos dan la impresión, a ratos, de haber sido realizados por ella misma en un arrebato de porque-yo-lo-valgo, pero bueno.

Y ya en 2011, llegando a la década en la que estamos, ¿qué se cuenta Amaya Saizar de su carrera? Pues que, según wikipedia y gúguel, dijo en el programa de María Teresa Campos que quería formar de nuevo Trigo limpio, pero esta vez de verdad,sin hacer lo que llevaba haciendo durante el noventa por ciento de su carrera: inventarse compañeros para ponerse ella de estrella del grupo. Total, que, al parecer, Carlos y Amaya estaban de acuerdo en volver al sarao de la copa de brandy y el morbazo folk; pero al final quien apareció en la gira fue Iñaki, y de Carlos nada más se supo.
¡Traisión!
Lo último que he visto por ahí de nuestra incombustible protagonista ha sido una breve entrevista sobre los candidatos a Eurovisión de este 2018. En unas declaraciones, que harían palidecer de envidia a la Bruja Lola y a Aramís Fuster juntas, dijo que las dos Amayas que habían ido a Eurovisión habían quedado muy bien (Bravo quedaron terceros y Mocedades, de donde procede la otra Amaya, segundos), y que por eso Amaia y Alfred tienen que quedar muy requetebién también. ¡Maldición! ¿Por qué no me pondrían mis padres Corín Tellado en lugar de Cava?

Así, como tantas otras buenas historias, la de Amaya Saizar termina en este post con un interrogante sobre su futuro, porque ni ella misma puede predecirlo, a pesar de su nombre y de lo mucho que mola. Visto que ABBA va a sacar un disco tras treinta y cinco años de separación artística, quién sabe. A lo mejor Maluma la llama para marcarse un reguetón melódico. O puede que Bravo haga una gira revival para pagarse los vicios. Vaya usté a saber.

Solo espero que, por lo menos, honréis la memoria de Amaya Saizar como se merece y a partir de ahora os dediquéis a gritar “Lady Lady” por la calle cuando tengáis la menor ocasión. Creo que un personaje de su magnitud no mecere menos. Y ella también lo cree.

¡Hasta la próxima!
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Lo gracioso de esto de participar en Tiempo de Culto es que hablamos de absolutamente lo que nos apetece. Si nos da el día de disertar sobre lo ñoño, pues nos tiramos tres horas divagando sobre ello. Si tenemos el día de rajar sobre el fenómeno cinematográfico más importante y popular de esta generación, pues también.

Porque no hay duda de lo importantes que han sido estos diez años del MC Universe (Prefiero escribirlo separado porque de pequeño me encantaba el 'You Can't Touch This de Mc Hammer sobre todo debido a sus maravillosos pantalones bombachos)
Cuando vuelvan los 90, que sean POR ESTA MARAVILLA JESTÉTICA
De hecho, creo que es un acontecimiento generacional a la altura de lo que para algunos fue Spielberg de los 80 y para otros los años de la dupla El Señor de los Anillos / Harry POTTAH de los 2000. En la sala a la que fui a ver 'Infinity War' dominaban los chavales de diecitantos a veintipocos años. Los que llevan toda su adolescencia mamando una serie de películas que, y ahí va la polémica, no contiene ni un verdadero truñazo y sí grandes muestras de cine fantástico. Y antes de que os pongáis en hacha de guerra, pensad en el abismo que separa, por ejemplo, los problemas de 'Iron Man 2' del absoluto desastre de 'Fourtastic For' o 'Batman y Robin'.

Pero no adelantemos acontecimientos. Ahí va el episodio en el que, extrañamente, hay pocas disgresiones más allá de un poco de política (como siempre y en homenaje al libro que acabo de leer titulado "Con capa y antifaz, la ideología de los superhéroes” de Julio Embid - perdón por no nombrarlo pero lo olvidé en el fragor de la conversación) y yo llamándome chulo imbécil por sentirme superior a veces a cierta gente que cree en señores en el cielo:

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Cuando Paco y un servidor nos vamos de cena siempre acontece algo que, invariablemente, hace que nuestras señoras nos den respectivas collejas. Habitualmente, suele consistir en homosexualidad desbocada a la hora de darnos a probar el postre el uno al otro. En otra época, antes de la sublime ley del tabaco, era Snowymary la que hacía callar a Paco cada vez que, al toser porque alguien se ponía a fumar al lado, aprovechaba para espetar un “¡Enfisema pulmonar!” (Yo era más de ponerme a cantar y coreografiar el ‘Vogue’ de Madonna cada vez que una mujer necesitaba tener algo entre sus manos para posar, así, dejaba que su cigarrillo se consumiese a la altura de mi jeta ¡sin darle una puta calada!).

Pero, hablando de consumirse, quizá la colleja más gorda – y merecida – nos cayó cuando Paco me propuso lo siguiente: “Oye, que he pensado que deberíamos pactar que, cuando uno de nosotros la espiche, debería tener un funeral de cuerpo presente vestido igual que Matt Smith en ‘Doctor Who’, pajarita y todo. Luego, el que haya sobrevivido tiene que irrumpir durante la ceremonia, destornillador sónico en mano, y gritar: ‘This is where it gets complicated!’”. 

La verdad es que nos gustaría tener ese ánimo en esos momentos (feck, el subgénero de ‘chistes de funeral’ daría para otro blog entero, si no fuese porque la palabra ‘blog’ tiene la misma presencia que ‘cantidubi’ en la vida social actual). Pero, conforme uno va teniendo una edad y el asistir a funerales se va convirtiendo en algo más frecuente que los bodorrios y bautizos, la evidencia demuestra que no seremos capaces de vestirnos del undécimo doctor. Feck, ni siquiera de tomárnoslo de carallada como los protas de esa oVra maestra que es ‘Amici Miei’ (si no la han visto, tiene la mejor escena de caca de la historia del cine, que es lo mismo que decir ‘mejor escena de la historia del cine’). 


Y es en este contexto funerario – después de ese preámbulo de tres párrafos tan propio de ente su vlog – cuando vemos que, poco a poco, comienza a abrirse paso una deplorable tradición anglosajona: la ‘Eulogy’ de los cojones. Siguiendo el mismo camino que, en su momento, y ayudados por mil series y pelis moñas, recorrieron los bodorrios, la gente comienza a gozar del placer hortera de ser el centro de atención. Y, bueno, en el caso de los bodorrios me parece bien, porque solo el horterismo desbocado es su verdadera razón de existir (feck, yo mismo soy culpable de un discurso en la boda de un amigo que comenzó hablando del burro muerto de sobredosis en ‘Despedida de soltero’, pasó alegremente por el mundo de la pederastia y, finalmente, terminó siendo emotivo o algo así). PERO… ese exhibicionismo hortera-anglosajón cuando, en palabras de Battiato, se cruza la puerta “dello spavento supremo”. Eso sí que NO, joer. Para añadir insulto al dolor ya está el diseño y decoración de interiores de cualquier tanatorio (de nuevo, material para todo un cantidubi, digo, digamelón, digo, blog). NADA en un discurso en ese momento sirve como el más mínimo consuelo, así que mejor ceñirse a un cura hablando formulariamente de la vida eterna (si eres creyente, funciona, si no, pues te das cuenta de que ni en el momento en el que estás más de bajón te pueden colar esa milonga) o a un proceso funcionarial que haga más rápido el ir a contar chistes al convite.

Así y todo, se encontrarán – nos encontraremos - con gente tan indecorosa que se apunta a la moda de la ‘Eulogy de los cojones’. O, peor aún, puede que se nos calce a nosotros mismos ese embolao. Ante ello, ente su vlog-cantidubi-digamelón, les pasa a dar una serie de consejos para elaborar un discurso funerario de mierda. Que tiemble el medidor de vicisitud y vergüenza ajena, que llegamos nosotros:

Hacer chistecillos para romper el hielo inicial 

Todo manual del buen discurso corporativo enrollado apuesta siempre por crear una atmósfera distendida que haga que tu audiencia ser más receptiva a las chorradas que les quieras vender. ¿Y qué mejor muestra habrá de cerebro corporativo que el NO dejar de ser corporativo en ninguna circunstancia? ¡Ponga a prueba a toda una familia atribulada! Como sugerencias, hay mil clásicos que jamás fallan. Por ejemplo: en el caso de un chaval que muriese de sobredosis, siempre es bello un “murió haciendo lo que más le gustaba”. Tampoco falla el “No habéis perdido una abuela, habéis ganado una habitación de invitados”. Subiendo la apuesta, arrancar tirándole los tejos a la viuda siempre es un ganador seguro. Al igual que el clásico “¡Un momento! ¡Creo que el muerto ha parpadeado!”. Una aportación moderna, también llamada a hacerse clásico, es hacer un Ellen Degeneres y marcarse, desde el púlpito, un selfie con toda la familia en la capilla del tanatorio. A ver quién es el cachondo que se apunta al photobombing.


Habrá quién diga que la gente es más receptiva a los chistes durante el convite que durante la ceremonia, y que mejor evitarlos con los familiares más directos. Pero ¿quién sabrá más de estos temas? ¿Ellos o un buen manual à la Josef Ajram, eh?

Aprovechar para resolver rencillas

Cada vez que, en una discusión, nos quedamos sin réplica brillante que dar (o se nos ocurre, por aquello del ‘Esprit d’escalier’, dos horas más tarde) todo ser humano solo quisiera ser dos personas. Si se es hombre, Horatio Caine. Si se es mujer, Lucía de Pimpinela. Quicir: las dos personas que dicen la frase lapidaria y que abandonan la escena sin que pueda existir el derecho a réplica. Por supuesto, acompañados por un grito de Roger Daltrey o por un hard Casio que subraye el “Olvídalo todo/ Que tú para eso/ Tienes experiencia”.



Bien… ¿Qué mejor momento para lograr ganar cualquier discusión pública que éste? Anímense, porque en Galicia NUNCA hemos hecho otra cosa que no sea esta. Feck, no hay entierro rural que no incluya un “Fodédevos, fillos de puta, que as terras son miñas” o similares. Y, a nuestra depravada maneira, en Ghalisia siempre hemos tenido razón.

Ser un mierda

Todos sabemos que la palabra por excelencia de un buen mierda es “PEEEEERO…”. 7 de cada 4 palabras que, por ejemplo, usa Pep Guardiola son un PEEEERO. Normalmente, la estructura es decir cosas buenas para, con el PEEEERO hacerlas irrelevantes. Sin embargo, las características propias del funeral obligan a hacerlo a la inversa: comience echando mierda al difunto y luego ponga un PEEEERO para hacer que lo arregla. Ahora bien ¿Alguien podrá olvidar un “la verdad es que era un poco fascista, racista y, los días impares su comportamiento era el del clásico machista de mierda PEEEERO? Ya ven por dónde voy. Porque el mierdismo no es patrimonio exclusivo de Hamilton o de Guardiola.

Ofender a la mayor cantidad de grupos posible


Internez nos ha demostrado que vivimos en el mundo de la piel más fina posible. Y que el que quiera poner un negocio de papel de fumar va a forrarse. Dado que ya resulta imposible escribir “las margaritas tienen los pétalos blancos” sin ofender profundamente a 38 colectivos simultáneamente… ¿Por qué no proceder al revés? ¿Por qué no usar esa sensibilidad a flor de piel de un velatorio para maximizar la ofensa? Es famoso el caso de un señor que echó la culpa de la muerte de su mujer al “puto incienso que ponen los putos asiáticos de mierda”… Pues ya saben, en este caso no pongo ejemplos porque, feck, baja luego mucho el nivel de los comentarios.

El Greatest Hits cutrongo de su vida

Hay un motivo evidente por el cual todos los discursos funerarios son un estereotipado “Qué buena persona era, cuánto lo quería su familia…”. Y ese no es otro que el “Qué poco has logrado en tu vida, macho”, aplicable a toda persona que no sea Burt Reynolds o Hedy Lamarr. Así que… ¿Por qué no lanzarse a hacer épica de los chungos highlights vitales del difunto? Así, a bote pronto, y por tirar de Paco y myself, se podría hacer un “Ese momento culminante de su carrera en el que, para emisión en el canal de cine esP-P-Pañol, Paco compró ‘El éxtasis sexual de Macumba’, porque sabía que era una película que traumatizó al padre de Vicisitud cuando, en plena dictadura la proyectaban en el garaje de bombeiros de Vilanova de Cerveira”. O un “Es entonces cuando Vicisitud soboreó el éxito de montar las autopromos de los programas del corazón de Localia Televisión”. Y, sí, he montado cosas de más fuste, pero prueben a decir un “Sin tetas no hay paraíso” un una ‘Eulogy de los cojones’ y cuéntenme cómo queda.

Pésima elección musical

Los bodorrios horteras se viralizaron gracias a un vídeo de youtube que mostraba una coreografía que huía en mil direcciones distintas de la clásica marcha nupcial. De nuevo: lo que sirve para una boda rara vez funciona en un funeral.

En una de las mejores series de la historia, el ‘Queer as Folk’ de Russell T. Davies, en la muerte por SIDA de uno de los personajes, éste dejaba escrita su propia Eulogy of the balls, que consistía en recitar la letra de la coplilla D.I.S.C.O. mientras sonaba la música. El llanto de los asistentes es otra joya de esas que solo sabe escribir Russell: ni desde la gaycidad más locaza se puede pull off una horterada de ese calibre en un funeral.



Lo mismo se aplicaría, yo qué se, al entierro de nuestro idolatrado Miquel Iceta. ¿Se lo imaginan de cuerpo presente mientras suena, de entre todas las canciones posibles, un épico ‘Don’t Stop Me Now’?

Personalmente, creo que el mejor tema es ‘Stayin´Alive’, pero todo va en gustos. Así pues, si quieren música alternativa en un musical, circunscríbanse al ya clásico de ofrecr un cd de Cradle of Filth a los familiares del difunto, onvre ya.

Lanzar la corona fúnebre a la multitud

De nuevo, el bodorrio como referente. Pero, en esta ocasión, la venganza a esa cansina frase del “a ver cuándo os toca a vosotros, que me hace ilusión veros en la misma”. Evidentemente, esa frase aplicada a un funeral es lamentable, lo cual hace que apropiarse de otra tradición del bodorrio sea todavía mejor: el arrojar el ramo que diga “¡Los próximos sois vosotros!”. Háganlo con la corona y con la misma frase. Si, pasados unos meses, resulta que la predicción era acertada, no vean qué risa.

Y qué Eulogy de los cojones más recordada forever and ever and eternity.

Plagiar

Si, a pesar de todo, son de los que opinan que una Eulogy of the balls puede ser bella, apropiada y confortar a los familiares, mejor aceptar una verdad fundamental: prácticamente ninguno tendríamos el talento de hacer eso. Así que… ¿Por qué no plagiarla de Internez?

En este caso particular, estamos ante un ‘slow burner’. El ideal es que ese discurso crezca en el recuerdo hasta alcanzar dimensiones míticas y, entonces ¡bam! Se hace un Cifuentes y se desvela el pastel.

Porque las cumbres de la mejor vicisitud come to those who wait.

Máster en cuñadismo


Si se es un poco bastante cuñado, el funeral es el momento máximo en el que demostrar el “quita que no sabes” aplicado al consuelo ajeno. Probablemente, la mejor forma de arrancar sería un “Sé por lo que estáis pasando, el otro día tuve humedades en el garaje y se me vino el mundo encima…”. A partir de ahí, the sky is the limit. El redondeo perfecto sería rematarlo con un “¡Goooool de Cristiano!” mientras escuchas la final de la Champions por los cascos, pero eso ya es pedir demasiado.



Narrar proezas sexuales del difunto

Aquí entramos en el HughGrantismo ilustrado, pero, feck, mezclar Eros y Thanatos me parece quizás lo más apropiado de todo lo dicho en este artículo. Solo ofenderá a los pacatos, pero lo cierto es que decir “Federico la chupaba como Dios” excitará muchas imaginaciones y reemplazará de forma muy eficaz el ya manido “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.



Además, todos queremos de saber si se le corría encima o no. ¿No?

Minimalismo

Para los amantes de la concisión suprema y del hacer mucho con poco, el discurso ya está hecho: “Dicen que no se debe decir nada malo de los muertos”. Acto seguido, se abandona el estrado.

Excelsior. ‘Nuff said.

Equivocarse de muerto

Y de último, dejo mi favorita, que es el currarse una Eulogy de los cojones clásica para la persona equivocada (o inventada, lo mismo da que da lo mismo). En este caso, lo importante no es lo que se diga, sino ese slow burner que es ver un murmullo creciente entre los asistentes, y ver quién es el primero que tiene cojones de gritarte “Jei, rapaz ¿de qué carallo vas?”. La tensión sería la envidia del propio Hitchcock.

En conclusión, aquí tienen un catálogo de lo que NO se debe hacer. Que sigue siendo mejor que lo que NO se debe hacer bajo ningún concepto: la Eulogy of the balls. La vida tiene su forma sórdida, miserable, lamentable y maravillosa de salir adelante: como el autónomo siendo incapaz de vencer el reflejo de guardarse los tickets de la cafetería del tanatorio. Todos hemos llegado aquí de forma absurda y lo mejor es no darle más rimbombancia a la despedida más allá del mojón que es. 

Aunque, francamente, sí que me haría ilusión que el undécimo Doctor me arreglase ese momento final…

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A lo largo de los años hemos escrito en ente bloj sobre muchos artistas con valores, pero cuyos productos finales pueden alcanzar altas cotas de vicisitud. Les queremos porque vemos actitud, ganas de agradar y amor por lo que hacen. Nadie pone en duda que, por mucha risa que de, ‘Madre Soy Cristinano Homosexual’ tiene el corazón en el lugar correcto, como se suele decir en inglés. Y, qué cojones: en español. Que mientras las expresiones traducidas tengan sentido, tampoco hay que ponerse puristas. A ver si de una puta vez llegamos a la utopía del Idioma Mundial y se acaban estas mierdas de los lenguas, que de ser un medio han pasado a convertirse en un fin. No, en serio: los diferentes idiomas existen porque la tribu N’Dongo hacía siglos que se había separado de sus parientes que acabaron en Jutlandia, la Fiji o, mejor aún, Albacete. Pero ,ahora que hay globalización, ¿no sería bonito que todos habláramos lo mismo para que ligar fuera bastante más sencillo para los que dependemos de hacer chistes para lograr mojar?

Pero me estoy desviando del tema. Que esto parece un Tiempo de Culto escrito (TdC es el podcast en el que suelo participar)

Pero me estoy desviando (x2) para hacer promoción de otra de mis cosas. Hoy sólo quería hablar un poco de cierto evento que ha sacudido un pilar que no es de carga del ático de los que escuchamos a veces música de mierda por gusto. Que tampoco hay que exagerar: estas cosas de las modas pasajeras de Youtube apenas tienen efecto cuando pasan un par de meses. Que se lo digan a Simón Pérez y Silvia Charro, en camino a la autodestrucción desesperados por volver a tener la atención de alguien que no sea un troll de forocoches.

Hace unos días surgió un nuevo viral de una pareja haciendo el chorra en uno de esos concursos de talentos diseñados, como el Guantalete del Infinito, para acabar con medio universo.

Dios, qué gozo de película es Infinity Guar.
Thanos, preparando un buen fist fucking para los haters que le están saliendo a la peli. Sin crisco ni nada,
Pero me estoy desviando del tema (x3). ¿Sabéis esa sensación de horror insondable cuando le das play a un video nuevo y a los cincuenta segundos comprendes que va a ser viral y que vas a estar tragándote esa mierda todo lo que queda del verano? Tú la conoces, yo la conozco y aseguro que Abdul Alhazred también la conocía. Pues justo eso me ocurrió cuando vi por primera vez ‘Cómeme el donut’.
Provocación mierdosa calculada y sana para todos los públicos
Para todos aquellos que lean este post en el futuro, os explico: ‘Cómeme el Donut’ es una casi canción en la que dos personos con ganas de fama hacen el MIRADME a ritmo de trap. Cuidadín: no hacen el tonto. Hacer el imbécil es un a gran tradición que ellos mancillan inmisericordemente. Tú no lo sabrás porque dentro de un tiempo prudencial se habrá desintegrado en el olvido como pedo en el campo. Pedo en el campo que se enmascara por el olor a boñiga de vaca, no lo olvidemos. Porque siempre habrá un poco de estiércol para sustituir el anterior.
¡Cuidado! ¡Una mina! (Le dijo un excursionista a otro)
Muchos pensarán que esos dos tipos fingiendo ser idiotas y más o menos cantando me gustarán. No en vano, aquí hemos alabado a Siniestro Total, Chiquigrind o Mark Gormley. Justo al hablar de este último comentábamos:

En este blog defendemos el valor de vivir en la propia idiosincrasia. Algunos músicos se esfuerzan en ir de alternativos simplemente porque no se peinan por la mañana. Muchos no dudan en disfrazarse para aparecer en público, y se convierten en estrellas sólo por ser excéntricos”.

Eso fue en 2009, y todavía sigo pensando en lo mismo. Es que yo soy muy fiel a mis gustos e ideas. Vamos, que soy un cabezota de la hostia. “Por ser Tauro”, dirán algunos. “Pues gracias por demostrarme que lo del pensamiento crítico lo llevas mal: te recomiendo mi artículo en el que hablo sobre lo idiota que es el horóscopo”, contestaré yo con una petulancia que merece un par de guantazos con la mano abierta bien dados.

Aquí seguimos defendiendo el valor de hacer cosas que transmiten AMOL y, a ser posible, que estén bien escritas e interpretadas. Mark Gromley puede dar risa, pero él cree en lo que hace y sus canciones son buenas. Günther puede ser un poco producto de querer llamar la atención, pero su visión vital y mensaje hedonista de “digan lo que digan” me parecen enternecedores. Por no hablar de su bigotillo de pederasta y de que, sí: sus temas son pegadizos. Y divertidos. Y SEXYS.

De hecho, uno de los pocos cismas que han acontecido en la historia de ente bloj entre Vicisitud y yo aconteció en la mítica Lista de Discos Con Valores cuando él quería incluir muy alto a Gigatrón y yo sustituirlo por El Reno Renardo. Porque considero que, si vas a hacer música de humor, tiene mucho más valor si vas por la vía Les Luthiers e interpretas una canción realmente buena más allá de los chascarrillos.

Lo que nos lleva al subnopop.

Sé que aquí me voy a ganar enemigos. Incluída una amiga que me cae muy bien que tiene un grupo de este género y que, si lee esto, me dará una leche cuando me vea la próxima vez.  El subnopop viene a ser el equivalente moderno a ciertos grupos muy malos de La Movida: un lugar para gente sin talento musical que se hace conocida gracias a la trasgresión. Pero donde en los 80 ‘Me gusta ser una zorra’ venía a cubrir un hueco de reivindicación tras años de represión dictatorial, hoy en día se trata sólo de gente que forma un grupo para llamar la atención. Por los likes. Por hacerse famosos más allá de dar los pasos necesarios para ser influencer monguer.

Mal. No. Nosotros defendemos hacer lo que sea porque te da la real gana. En muchos casos eso puede ser así. No dudo que haya gente que se meta a estas cosas sólo porque le gusta. Como tampoco dudo que un gran número son sólo humoristas buscando una vía musical para ofrecer entretenimiento (como Ojete Calor; ¿o creíais que no iba a reconocerles su genialidad?). Pero si haces cosas para alegrarle la vida a la gente, yo me quito la boina que a veces llevo y hago una reverencia que pueda acentuar mis dolores de espalda, pero que muestre al mundo mi culito respingón.

Ahí os dejo esa imagen terrible que también hizo que nuestro amigo Abdul Alhazred tuviera que recurrir a los opiáceos para dormir.

Lo malo es que lo que yo veo es gente buscando casito y un hueco de mercado. Peor aún: veo a gente buscando ese casito sin nada que decir ni ofrecer y, encima (como es el caso de este casi grupo del donut) intentando justificarlo con pedorretas seudo intelectuales cuando consiguen esa ansiada entrevista.

Sinceramente, para eso, prefiero a tarados de verdad. A gente como...

Bob And Bev. 

¿Quiénes son esta pareja también de hombre y mujer que igualmente pululan por la red? Éstos. Atención: Esto no es que sea Not Safe For Work. Es que es Not Safe For your Sanity:


¿Quiénes son estos dos FISTROS? Ni idea. 147.000 visualizaciones no están mal, pero tampoco es que sea un viral suficientemente importante como para que haya más información en internet.

Aunque claro que la hay. Que esto es internet, copón. Por supuesto que la hay.

Bob & Bev son una pareja de Indiana que se graba haciendo karaoke. Como Bob es aficionado a los ordenadores, hace tiempo que le echó las zarpas a software de efectos el cual, en sus manos, es un arma más preocupante que el programa nuclear de Irán que renacerá cuando Trump la cague otra vez el mes que viene.

ARTE

La pareja hace estos vídeos porque son su hobby. Porque les gusta hacer cosas juntos. Según Bob, “Si no os gusta, apagad el vídeo y a otra cosa”. No necesitan el casito. Simplemente son felices con sus atentados audiovisuales. Y, para regocijo de todos vosotros, sin miedo a atacar los temas más difíciles de cantar:


Eso sí: su nivel de medaigualtodoismo llega a un punto de locura supina: han abierto su propio Patreon. Vale: sólo tienen dos patrones. ¿Tarados que se ríen de ellos como la gente de Forocoches demostrando ser la hez de la humanidad contribuyendo a la degradación de Simón Pérez y Silvia Charro o gente que realmente siente el amor verdadero que desprende esta tercera pareja del triángulo de virales interneteros que me ha salido por casualidad? Espero que lo segundo (y que no vuelva a escribir en mi vida una pregunta tan larga). Porque esta es la mierda que realmente admiro. La que nos fascina no tanto por su falta de calidad, sino por su locura sincera y su actitud de hacer lo que te apetece sin otro objetivo que echar el rato. No ser aspirantes a artistas con ganas de llamar la atención con calculada trasgresión para toda la familia en Telecinco. Eso no es lo que me interesa. Yo estoy en más metido en el tema del amol, muchas gracias.
Bob y Bev. Obsérvese que Bob lleva mullet. Lo dicho: AMOL.

Eso sí: nos vemos en el Subnofest de Madrid en Junio. Que ya he quedado allí con un par de amigos. Porque, total, echar el rato con colegas tampoco está tan mal. Que no hay que tomarse estas cosas demasiado en serio, y menos lo que diga un enano que escribe en una web llamada 'Vicisitud y sordidez'.
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He decidido seguir con este concepto de ‘cosas que das por hecho que todo el mundo sabe, pero que quizá no sean tan populares’ que inspiró tanto mi anterior artículo sobre Yes como la práctica totalidad de mis conversaciones con mujeres, durante las cuales me pongo a divagar sobre datos de cine fantástico italiano y que acaban siempre con ellas mirándome como si estuviera loco.

“Como si estuviera”, dice el tarado de Paco.

“Dice el tarado de Paco”, digo yo en tercera persona como si fuera alguien importante con un Master de la Rey Juan Carlos.

Pero ya está bien de ponerme tonto con el metalenguaje, que no es el momento. De hecho, NUNCA es el momento. Hoy voy a hacer una de esas listas que tanto facilitan las lecturas de los artículos. Para no leerlos, claro. Es algo que me ha enseñado Buzzfeed: haz listados interminables con gifs y tuits de otros y así no tienes que molestarte en escribir, que la vida está para pasarla con los amigos tomando cerveza o, en mi caso, viendo ‘Oogieloves the Movie’ para así desear que el mundo se vaya al carajo porque hemos fracasado como especie.

Les dije a los Teletubbies que entre hermanos no se folla, que salen cosas raras.

Hoy, y esto es una sorpresa para los que no hayan leído el título del post, voy a hablar de grupos que lograron el éxito masivo sólo después de que se largara su líder. Sé que puede ser difícil acotar qué se considera adecuado para una lista con esta temática y qué no. Porque, en primer lugar… ¿Qué se considera un líder?

Niño, tú no.

+10 de carisma al bigotón proletario

Un líder ha de ser un miembro fundador esencial dentro de la banda. La figura alrededor de la que gira el grupo. O una de las dos. O el que tuviera un padre que les pagaba el local de ensayo. No, en serio: eso puede pasar. ¿Sabéis cómo se llamaba Jethro Tull antes de ser Jethro Tull? The John Evans Band. ¿Y quién cojones es John Evans? Pues el teclista que luego no se unió a la banda hasta el tercer disco. Pero sus padres pagaban la fragoneta y el local de ensayo. Así que el nombre era suyo.

Todo esto quiere decir que habrá polémica y faltarán grupos, pero intentaré justificar mis decisiones. Aunque antes, y porque esto no sería Vicisitud y Sordidez sin ello, unas Menciones Especiales:

Genesis no cuenta por muchos motivos. Pero el principal es que tampoco se puede decir que el grupo no tuviera éxito antes de la marcha de Peter Gabriel a tocar los bongos. Pero sí que es verdad que el ascenso al poder de PIL los llevó a cotas más elevadas de lo más importante a la hora de hablar de música: Dólares.

Los cantantes suelen ser los miembros que el público suele considerar líderes de un grupo. Pero, si bien es verdad que son los que más follan, a veces no son los que llevan el bastón de mando. Deep Purple comenzó con Rod Evans, pero musicalmente quienes ya aportaban más eran Blackmore y Lord. Y Lennon y McCartney, porque eso de hacer versiones de The Beatles era una tentación más irresistible en la época que un kilo de marihuana. Lo mismo se puede decir de Iron Maiden: El drojadicto de Paul Del Culo podría hacer el tonto en el escenario hasta que llegó Dickinson, pero el puto Harris es quien siempre ha mandado y, aunque 'Killers' no fue 'The Number of The Beast', tampoco se le dio tan mal de ventas. Más o menos lo mismo pasa con Journey, pero no hablaré de ese grupo porque nunca le perdonaré a Steve Perry que se cortara el bigote en ‘Faithfully’.
TRAGEDIA
Una mención especial que bien podría haber sido el número seis de la lista son The Moody Blues. Cumplen casi todos los parámetros: comenzaron con un líder y cantante carismático, Denny Laine, que abandonó el grupo justo cuando sufrió una revolución y lo petaron con 'Nights in White Satin'. De hecho, la revolución fue tan grande que de ser un grupo de rythm and blues pasaron a ser uno de hard-ñoño and orchestra y, por lo tanto, a hacerse un hueco en mi duro corazón. Lo que pasa es que en su primer vinilo tuvieron un hit. Una versión de un tema ‘Go Now’ de Larry Banks and Milton Bennett. Pero un éxito de los gordos: no sólo fue número uno, sino que encima disfrutó de uno de los primeros videoclips de la historia que podría haber sido una influencia en el Bohemian Rhapsody de Queen. No, en serio:


Sí: The Moody Blues podrían haber sido un grupo one hit wonder como tantos de versiones de rock americano que pululaban en esa época en el Reino Unido y que a veces ni llegaban a grabar un LP. Hizo falta que llegaran John Lodge, Justin Hayward y el pelasssso de Justin Hayward (el tercer elemento más distintivo del grupo tras el uso del melotrón de Mike Pinder y el bigotón de Ray Thomas) para que fueran los VERDADEROS Moody Blues y casi un grupo distinto. Pero, sea como fuere, y a pesar de que haya en esta historia algún paralelismo con el grupo que he elegido como número 1, todos sus recopilatorios siempre empiezan con ‘Go Now’ y eso no se puede obviar... qué cojones, claro que sí:

6.- The Moody Blues

Pues eso. Vamos a por el Top 5:

5.- Ultravox

Midge Ure, uno de los cantantes con el nombre más ridículo del pop, no fue el primer líder de Ultravox. En sus inicios, era la banda de uno de los cantantes con el nombre artístico más de actor porno del pop: John Foxx.
Mi nombre artístico no viene ni por John Foxx ni por Samantha Fox, pero siempre será mejor poner una foto de la segunda.
Foxx era uno de estos músicos new wave con empacho de haber escuchado demasiado punk y Roxy Music mientras estudiaba Bellas Artes. Los dos primeros discos tiran por ese estilo y gustarán a gente que disfruten de cosas con la misma carga emotiva que las instrucciones de un pelador de patatas, pero quién soy yo para juzgar a nadie. El caso es que sus dos primeros lps e incluso el tercer disco, que ya empezaba a introducir elementos de sonidos más cercanos al synth pop, fueron fracasos. Foxx se largó a no triunfar en solitario y el resto de la banda se quedó en plan “no sé si cortarme las venas o matarme a pajas”. Así que contactaron al chaval Midge Ure a ver si les daba vidilla. Sobre todo porque venía de hacer un disco básico de esa nueva maravilla llamada synth pop: Visage.

Ure-a trajo lo que gente como yo aprecia más: teclados puteros y, sí: DRAMATISMO. Pero desatado. Vamos, que tras un par de singles que renquearon en las listas de éxitos, el grupo nos dio ESTO:


¡Épica! ¡Emociones desgarradas! ¡Frío! (Sí: no se puede pensar en esta canción sin llevar un abrigo; y parece que es una afirmación que no tiene sentido. No lo tiene)

El tema lo petó internacionalmente y lanzó la verdadera carrera del grupo, al que hamo por haber hecho hits hasta de canciones sobre devastación nuclear, que es un tema que, como hijo de los 80, Mad Max y las pelis hechas por tres pesetas por Joe D’Amato, respeto enormemente.

4.- Renaissance

Vale, Paco. Ultravox es conocido. 'Vienna' fue un éxito. 'The Voice' molaba todo. Pero, ¿qué cojones es esto? ¿Un grupo que hace el ridículo tocando vestidos con calzas en las fiestas medievales de tu pueblo?

¡No! ¡Esto no es Blackmore’s Night! (grupo con valores, no lo olvidemos). Se trata de una formación de los setenta cuya esencia se puede resumir en una frase:

“El grupo de rock progresivo que le puede gustar a tu abuela”.
¡¡¡¡Rock'n Roll!!!!
Efectivamente: estamos ante otra muestra de mi género musical favorito: el hard-ñoño-sinfónico. Renaissance se creó en 1969 con un objetivo: que buscar información sobre ellos en internet décadas después fuera un coñazo si no quieres estar todo el rato desestimando resultados que te llevan a la Galería de los Uffizi. Su génesis es tremendamente curiosa. Veréis: en los 60 había un grupo muy molón e importante llamado The Yardbirds que hacían, como era normal, pastiches de rythm and blues americano. ¿Cómo de importante? Pues por allí pasaron unos muchachos muy talentosos:

Eric Clapton, que tras estar en el grupo logró desarrollar sendas carreras muy importantes como compositor y racista profesional

Jeff Beck, que tras estar en el grupo logró desarrollar sendas carreras muy importantes como compositor y perfeccionista enfermizo profesional

Jimmy Page, que tras estar en el grupo logró desarrollar sendas carreras muy importantes como compositor, plagiador y pederasta profesional.

Pero ninguno de ellos era el líder del grupo. Feck: ni siquiera eran miembros fundadores. Los jefes del cotarro eran el cantante Keith Relf y el batería Jim McCarty. Ambos acabaron un poco cansados de tanto rock y decidieron que querían hacer cosas más poéticas. Artísticamente fue la decisión adecuada, aunque económicamente resultó un desastre, porque con Page al frente el grupo acabó mutando en esa cosa llamada Led Zeppelin que tanto aman muchos lectores de ente bloj porque hay gente para todo.

Pero ésta no es la historia de Zeppelin. Esa ya la escribió Marlow. Esto va del grupo hard-ñoño que fundaron los líderes de The Yardbirds: Renaissance. Que venía a sonar así:


Vamos que mientras Plant se dedicó a plagiar a bluseros, McCarty le hacía ojitos a Beethoven. Pero al menos en canciones más variadas. Esta formación hizo dos discos con tan poco recorrido que el segundo sólo se lanzó en Alemania, porque es un país al que le viene bien un poco de belleza con tanto pornazo sórdido y gore guarro. O al revés. Qué más da. No, en serio: tras visitar seis tiendas de música en Berlín este febrero y encontrar casi exclusivamente música electrónica de baile, estoy convencido que casi todo el país está poblado por robots buscando un alma.

Lo gracioso y casi inédito de este grupo es que, para el tercer disco, la formación había cambiado totalmente. McCarty, que era realmente el líder de la banda y principal compositor, le pasó el nombre del grupo a un nota que había compuesto un tema del segundo disco, Michael Dunford. Para el tercer LP, llamado ‘Prólogue’ porque liar a futuros compradores de la discografía del grupo es divertido, McCarty sólo compuso algún tema y ni siquiera tocó en la grabación.

Pero, sorprendentemente, cuando ya andaban por el cuarto disco (con McCarty todavía componiendo un tema en éste y el siguiente sin ser miembro de la formación que creó porque ser raros es tan divertido como liar a los fans) el grupo no sólo mantuvo la esencia de los inicios, sino que la empezó a adornar con la inclusión de orquesta. Se convirtió en uno de los puntales del movimiento progresivo en su vertiente más dada al aspartamo. Ese LP, “Ashes Are Burning”, fue el primero en entrar en las listas de éxitos.

En 1978, con el prog en retirada, curiosamente consiguieron su primer y único gran éxito: “Esto podría ser de Abba”, también conocida como “Nothern Lights”.


La risión total es que la historia no acaba ahí. Ese mismo año, McCarty echa de menos hacer hard-ñoño, y planea resucitar la formación original como competencia a su propio grupo. A pesar de la repentina muerte de Keith Relf, consigue grabar dos discos bajo el nombre de ‘Illusion’. Que son buenísimos. Me gustan al nivel de decir que el segundo contiene probablemente el mejor single que no tuvo éxito de la historia del prog:


Naturalmente, no consiguió rivalizar en impacto comercial con Renaissance, pero da igual, porque a esas alturas de la década ambas formaciones iban directas al abismo del desprecio de la gente guay que prefiere música más COOL. Esto es, más fría y sin alma. Esto es, Talking Heads (HORDAS DE FANS DE DAVID BYRNE CAGÁNDOSE EN MIS MUERTOS EN 3, 2, 1…)

3.- Depeche Mode

Al contrario que Renaissance, nunca he sido fan de Deteta Moda. Mucha gente tiene el trauma de que la gente de su colegio daba todo el día por culo con Queen o Dire Straits y por eso les cogían tirria. En el mío, eran éstos. Yo era más de cosas más melódicas y, por que no decirlo, gays. Esto es, de Erasure.

Pero la gracia es que Vince Clark, el calvo de Erasure, fue el fundador y líder de Depeche Mode. Todas las canciones excepto un par de su primer y joviel álbum, ‘Speak & Spell’ son de Clark, incluyendo su primer éxito moderado que, con el tiempo, ganó en apreciación de nostalgia ochentera:


Vamos, que más allá de los sintetizadores, no es algo que tenga mucho que ver con lo que vino después. Clark se largó NO para hacer el mundo un lugar mucho más feliz con Erasure, sino para hacer dos discos con el nombre de Yazoo y hacer el mundo un lugar mucho más feliz con 'Only You'.

Martin Gore, otro de los tres teclistas del grupo (porque NUNCA hay demasiados teclados en un disco de los 80) se vio con el marronazo de continuar con la formación para evitar caer en el olvido de tantos grupos de la época. La aventura tenía todas las papeletas de irse al carajo, pero el buen señor se lo curró, tiró para adelante y el resto es historia de la música emo-synth-cool. Que, con el tiempo, he llegado a apreciar por no tener que aguantar que sus fans me miraran por encima del hombro por estar escuchando ‘Alchemy’ en vez del ‘101’.

2.- Pink Floyd

Antes del ego de Rogelio Inodoros, Pink Floyd estaba comandado por otro ente mucho más carismático, peligroso y abrasivo: LAS DROJAS. O, en su defecto, Syd Barrett. Él fue el alma del grupo en su inicio, lo cual resulta obvio si tenemos en cuenta que era el Estudiante de Bellas Artes Que Forma un Grupo Excéntrico (™) y el resto eran lo peor de lo peor: estudiantes de arquitectura.

Barrett era aficionado a los cuentos y tenía ciertas inclinaciones infantiles. Algo que se nota a la hora de titular su disco según un capítulo de ‘El Viento en los Sauces’ y en canciones como ésta:


Esto es, que hoy en día llevaría camisetas de los Super Coco y coleccionaría muñecos de las Sylvanian Familes.
Los que coleccionan muñecos de las Sylvanian Familes son unos degenerados.
Sin embargo, lo que realmente le iba al líder de Floyd eran las pastillas alegres que te hacen ver arcoíris y unicornios bizcos con jeringuillas clavadas (de fresa, chocolate y purpurina, por supuesto), por lo que a la mitad de la grabación del segundo disco el chaval salió directamente por la puerta y entró en un psiquiátrico, siendo sustituído por David Gilmour, que a partir de entonces se disputaría el liderazgo con Rogelio mientras Rick Wright se dedicaba a crear ambientillos espaciales. Los cuales permitirían en el futuro que grupos como Radiohead pudieran hacer prog, pero no mancharse las manos cuando les preguntaba la prensa alegando que lo suyo no era el sinfónico, qué va, que lo que les mola es Pink Floyd. Que se ve que lo que hacían eran bailes regionales aragoneses, vamos. Qué imbéciles eran los primeros 2000, cuando el progresivo seguía siendo una palabrota para la prensa especializada. Especializada en no tener ni puta idea de música.

Por su parte, Barrett logró grabar un par de discos más, pero su mente estaba demasiado dañada (ya sabéis niños: no os drojéis ni pongáis cosas raras en las bebidas de la gente) y desapareció del mundo, inspirando de paso uno de los puntos de giro de una de mis comedias inglesas favoritas que YA estáis viendo: ‘Siempre Locos’. Lo mejor que nos dejó todo este culebrón fue que el grupo acabó dedicándole su mejor canción….

… lo cual inspiró la mejor portada de Siniestro Total. Y eso SÍ que es importante.
Todo mejora con gaitas.

1.- Fleetwood Mac

Hay grupos cuya historia da para un artículo entero. Fleetwood Mac da para una serie de televisión. De varias temporadas. Intentar resumir el caos de esta gente en una sóla entrada de una lista es como tratar de explicar a tu madre la trama de ‘Twin Peaks: El regreso’. Así que vamos a lo importante:

El grupo se llama Fleetwood Mac. Se trata de uno de esos nombres que parecen referirse al líder del grupo, como Jethro Tull o Alice Cooper (que fue cómo se conocía la banda antes que lo adoptara el cantante). Pero no. Es un compuesto de los nombres de, atención, el BAJO y el BATERÍA. Imaginad que U2 se hubiera llamado 'Mullen Clayton'. ¿Abominación? Por supuesto. Y es que Mick Fleetwood y John McVie son los únicos miembros contantes a lo largo de los años del grupo, pero apenas han compuesto nada. Los líderes reales iban y venían. Y el que llevaba la batuta en el nacimiento de la banda era Peter Green, uno de esos bluesmen ingleses de los 60, años en los que la chorrada esa de ‘apropiación cultural’ importaba un carajo si el que cogía una guitarra para imitar a la música negra lo hacía de puta madre. Joder: Hasta B.B.King era fan suyo.

El grupo tuvo una decente carrera con Green a la cabeza, con por lo menos un single de éxito a pesar de ser tremendamente aburrido:


Pero seguía siendo un grupo más de culto que de éxito. De hecho, ese no es el Fleetwood Mac que todo el mundo conoce. Ni siquiera el de la época de en medio, cuando Green se largó y el liderazgo un tanto en la sombra recayó en la teclista Christine Perfect, que se había casado con John McVie, iniciando una bonita tradición de fornicio dentro de la banda que explotaría unos años más tarde en una historia que da para un libro entero escrito por el negro de Ana Rosa Quintana.

Tras unos discos de calidad variable con otros cantantes y guitarristas que hacían las veces de líderes, Fleetwood y la pareja McVie alistaron a un americano, Lindsay Buckingham, el cual puso como condición para unirse al grupo el meter a su novia Stevie Nicks. Ambos resultaron ser algo así como la hostia en verso y cambiaron todo el estilo de la formación. El primer disco tras la renovación no tuvo título, para reforzar la idea de que la cosa había cambiado. El trono les esperaba, los príncipes llegaban. Porque, si bien ese LP supuso su primer número uno y fue el segundo disco más vendido de su año (¡A la décima va la vencida!), el siguiente, ‘Rumours’ es directamente uno de los más importantes de la historia. Grabado además mientras todos andaban drojados, a gresca y follando entre sí: Buckingham y Nicks habían cortado y la cantante estaba tirándose al batería. ¡La fiesta! La cosa llega al paroxismo del género rosa cuando te das cuenta de que la cancionaca ‘Go Your Own Way’ de Buckingham tiene a Nicks cantando los coros de un tema cuya letra básicamente la está mandando a tomar por culo. Eso sí: con todo el cachondeo entre bambalinas, la banda entera se unió para firmar entre todos una de las mejores canciones rock jamás escrita con la mejor frase musical de bajo de la historia. Y, encima, la letra va sobre mantenerse juntos a pesar de todo. No, si hasta es emocionante:


El grupo siguió peleándose y separándose a lo largo de los años (sin ir más lejos, el otro día se anunció que Buckingham se había largado) y la historia sigue siendo extraña para una formación que tardó diez discos y necesitó la salida de dos líderes para alcanzar el éxito masivo.

Y, para acabar, os dejo la última canción de Fleetwood Mac simplemente porque me gusta mucho y porque no está firmada como el grupo aunque tocan Mick Fleetwood y John McVie en ella. Mirad, yo no entiendo nada:

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