marzo 2014


Casi todos los años, es tradición que ente bloj pase un pequeño bache entre mediados de enero y finales de febrero. No sé muy bien por qué, pero supongo que tendrá que ver con el trabajo que se acumula después de unas navidades de tocarse las bowlings. O, en mi caso, de una semanita preparándome para cierta prueba médica. 

Porque todos los lectores habituales saben que hay una pregunta esencial en esta vida: ¿Alguna vez te has despertado violentamente en medio de la noche viendo cómo te introducían un tubo? 

Bien: a mí NO me ha pasado. Pero sí que es verdad que tengo ya una relación muy cercana con el mundo de la introducción de tubos por todos los orificios de mi cuerpo. Menos los lacrimales. Por ahora.

Esta vez no ha sido por la noche ni a traición. Fui ya sabiendo lo que había. Así que, como estoy ocupado con la escritura de (¡por fin!) Videofobia, decidí grabar parte del proceso. Porque nada apetece más en este mundo que tirarse tres días casi sin comer y ponerte a decir tonterías a cámara mientras sufres mareos.

Tantas tonterías que, nada más salir de la prueba, comencé a relatarle a Vicisitud ciertas impresiones. Lo que traducido al espppañol significa “contar chistes de caca y pedos”. Y, sí: nuestra relación es tan profunda como para que me acompañe a que me metan una cámara por el culo. Eso es HAMOR.

Por supuesto, mis comentarios jocosos no le hicieron nada de gracia a la mujer que estaba sentada a mi lado en la sala de espera. ¡Pedos y caca, qué ordinariez! Así que no tardó en recordarme muy enfadada que esto era un hospital y que qué hacía montando ese circo. Y que por qué no abandonaba esa sala inmediatamente, a pesar de haber sufrido una colonoscopia y hallarme aún bajo los efectos de la anestesia. Maravillado por la empatía de esa señora hacia mi estado y deslumbrado porque se erigiese la portavoz de "todos los que estamos aguantándote" solo pude responderle, naturalmente:

- Yo estoy drogado todavía, así que tengo vía libre para decirte que eres una mierda.

El novio echó en ese momento tirada de masculinidad y aumento de posibilidad de follar esa noche +10 al levantarse para prometerme elegantemente una buena hostia. Pero como yo a) sé que no estaba precisamente en un hospital de Carabanchel y b) sé que el tío tenía puntos de carisma y credibilidad bárbara -15, sólo pude comentarle:

- Pues yo sigo estando drogado y sólo puedo decir que tú eres un mierda.

Ante lo cual, obviamente, no hizo nada. Y yo seguí haciendo chistes de caca. Más tarde pensé que el mareo tras la sedación quizá me hizo hablar muy alto. Pero no. Como este video que ponemos a continuación demuestra, el tono era bajito, y a la señora sólo le ocurría que le daba asco la conversación. Pues si no aguantas que hablen de caca y andas regañando a señores de 37 años que acaban de pasar por una experiencia anal traumática, lo mínimo que te pueden llamar es ‘mierda’. Que, además, hace más raccord temático que ‘imbécil’.

Así que aquí está el video chorra. Pronto volverán los artículos de verdad en cuanto acabe con el guion. De hecho, Vicisitud tiene un anuncio importante que hacer que cubrirá varios posts. Sin olvidar que pronto es el cumpleaños del blog.

Y si os quejáis de tantos posts chorra, sólo tengo una cosa que deciros:

No sois unos mierdas. Al menos, tenéis razón. Otra cosa es que os hagamos caso.

¡A ver el video, hombre ya!:



(Darle al play está mal y es una mariconada, darle al HD a full screen, sin embargo, es algo que plantea inquietantes preguntas...)




Siga al autor de ESTO en Twitter:



“I don’t start watching shows until they’re so popular that watching them is no longer a statement.”
Britta Perry (Community)



Una de las mejores cosas de convertirse en un señor mayor es que ya no tienes que preocuparte de qué pensará la gente de tus gustos. Adiós a esa edad de 15 años, en la que decidir que grupo oír fuese a marcar tu vida. Bienvenido sea ese momento liberador en el que puedes rellenar una casete de 90 minutos en el que tienes grabado el ‘Tales From the Topographic Oceans’ de Yes con ‘La flor de la canela’ cantada por María Dolores Pradera (sí, lo realmente “nofollarásenlavida” es el disco de Yes, lo de la Pradera es más un “nofollarásconmujeresenlavida”).

Por ese mismo motivo suelo evitar hablar de series de televisión en el blog. Porque, con sus mensajes apocalípticos del tipo “la televisión es ya mejor que el cine” las series modernas de culto y agriculto nos han devuelto a los peores aspectos de nuestra adolescencia. Que creíamos felizmente olvidada. Definirse como persona en función de qué pienses sobre ‘The Wire’ o ‘Breaking Bad’ - ¡y mide bien tus palabras antes de hablar! - me retrotrae a esa infecta época en la que la gente me miraba como si oliese a pescado podrido sólo porque pensaba que Kurt Cobain era un gilipollas.


Pero tal día como hoy, cuando queda poco más de un mes para el regreso de mi idolatrado Jack Bauer, lanzo todas mis teorías – y mis bragas mojadas – por la ventana para ponerme en modo fanboy desquiciado. Podría argumentar sesudamente sobre los factores que hacen de ‘24’ una serie prodigiosa – especialmente su dominio del conflicto – pero NO pienso caer en esa trampa. Ni en la de celebrar los Jack Bauer facts en dura pugna con los de Chuck Norris (nunca debatí sobre qué superhéroe era el más fuerte ni aguanté las peleas de seis episodios de Dragonball, así que no voy a empezar ahora).


No. Lo que realmente idolatro de ‘24’ es que es una serie tocapelotas, de las que te hace revolcarte en el fango y te fuerza a disfrutarlo. Y ahora que Menéame ha decidido que somos un blog fascista (ese culto al bigotón, ese sempiterno EsP-P-Paña en la boca, esa oda a Hierro yAlbero, ese esputo al hipsterismo, esos ataques a Enrique Dance cuando se mete con la Academia de cine…) qué mejor momento para celebrar una de las máximas fundacionales de ente vlog:



‘24’ es una serie sobre terrorismo y, siempre que se aborda este tema, aparecen en los extremos dos posturas totalmente caricaturescas. Por el lado de la derecha anfetamínica, se desquicia la amenaza: las zorras de las vecinas de abajo, además de no dejarte dormir – y, ya que están, de no hacerlo con discusiones pletóricas de psicodrama lésbico – pueden ser unas yihadistas dispuestas a envenenar los depósitos de agua del Canal de Isabel II. Por el lado de la izquierda lobotomizada se niega la amenaza: el Islam, en su versión más integrista, es un invento propagandístico del gobierno para justificar el gasto exacerbado en fondos reservados y crear un estado policial. Todo es “diversidad y enriquecimiento cultural” y, si algún día se repite el 11-M, será culpa nuestra por no haber hecho lo suficiente por la liberación de Palestina.

Bueno, la verdad es que así dicho resulta más tentador llamar a Jack Bauer para que enchirone a las zorras de las vecinas de abajo en un Abu Grahib donde puedan dar rienda suelta a sus pulsiones lésbicas. Pero ustedes me entienden…

‘24’, evidentemente, de cara a favorecer el espectáculo, apuesta por desquiciar la amenaza, jugando con la urgencia, el tiempo real y con que Jack Bauer tiene sólo 24 horas – menos tiempo del que necesita el juez Ruz para abrir un dossier del caso Bárcenas – para evitar que una bomba atómica estalle en los Ángeles. ¡¡¡Pero es que, si no, no habría serie!!! ¿Se imaginan 24 episodios en los que, bajo la sutil anécdota argumental, el realizador estudiase, con espíritu de entomólogo, a Jack Bauer como trasunto del diario quehacer de la sociedad de consumo? Feck, negar la amenaza terrorista no sólo es que sea imbécil y falso sino que, además, atenta contra la teoría de la narración al negar el conflicto.

Así pues, partiendo del incómodo hecho de que existen moritos malos, ‘24’ se dedica a plantearle a Jack Bauer disyuntivas tan atroces como “¿Te oirás toda la discografía de José Luis Perales o tolerarás que hagan un documental sobre tu colonoscopia?”. Y, en esos momentos, en los que cualquier opción a elegir es mala, es donde se definen los grandes personajes (y NO dando chapas pseudofilosóficas en una cafetería universitaria). Y, por supuesto, Bauer y su cuadrilla resuelven estas disyuntivas marca ‘lose-lose situation’ de la forma más épica y tocacojones posible. Después de todo, si vas a perder… ¿Por qué no hacerlo a lo JRANDE?


Ladies and gentlemen, las listas con los “mejores momentos” canónicos de ‘24’ o las mejores macarradas de Bauer son legión, pero hoy toca refocilarnos en las auténticas tocadas de pelotas. Hoy toca el derechismo bien entendido que favorece la acción. Con todos ustedes, los 10 mejores momentos fascistas de ‘24’.

Disfruten de la tortura.



10. La toalla gástrica (Día 1)

Comenzamos, no podía ser de otra forma, con el primer gran momento de Bauer en la serie, y la que dará pie al siempre divertido debate sobre la tortura. Sí, he dicho “divertido”, porque, cuando dejas de plantearlo en abstracto, se crean los auténticos conflictos. Y es que, en abstracto, la información que puedas obtener con la tortura es algo tan difuso y de eficiencia tan discutible que… ¿cómo no vas a empatizar con otro ser humano que chilla, en vez de hacerlo con una teórica seguridad de noséquéleches?  ¡Es un debate resuelto antes de empezar! Ahora bien… ¿Qué tal torturar, por ejemplo, a alguien tan concreto como Miguel Blesa para que confiese todos sus trapis y los preferentistas puedan recuperar su inversión? ¿A que cuesta más empatizar con dicho sujeto? ¡Esos son los debates divertidos!


Bien, pues credit where is due: ‘24’ comenzó su procelosa andadura en las aguas de la tortura con una memorable secuencia en la que la investigación de Jack Bauer para salvar al entonces candidato Palmer se hallaba en un callejón sin salida. Un empresario chungo podría poseer ¡O NO! la información que Bauer necesitaba. ¿Era inocente o culpable? ¿Valía la pena torturarle por una ganancia tan hipotética? Desde luego, torturar a los lugartenientes de Bin Laden tiene mucha menos gracia. Vamos, que no me iba a partir la cara yo por defender los derechos humanos de esa gentuza (for the record: yo no hubiese asesinado a Bin Laden, le hubiese hecho probar todos los tratamientos médicos experimentales posibles, para que ese cabrón muriese salvando vidas) pero ‘24’ apuesta por ponerle las cosas difíciles a Jack. Y, después de una compleja deliberación… ¿Cómo reacciona nuestro agente favorito? De esta manera:

"Probablemente no creas que puedo meter esta toalla por tu garganta, pero créeme que sí puedo. Excepto que sostendría esta punta. Cuando tu estomago comience a digerir la toalla, la saco...junto con tu pared estomacal. La mayoría se demora una semana en morir. Es muy doloroso".


Creatividad, poesía, favorecer la acción… Maravilloso.


9. Educando a una pelirroja (Día 7)

La séptima temporada de ‘24’ fue, con diferencia, la más didáctica de todas sobre el tema ese del fin y los medios. Pero, conscientes de que eso podía hacer muy árida la serie, apostaron porque el contrapunto de Bauer fuese una pelirroja.


Bien. (En serio, esos son los detalles importantes).

Entre tiroteos varios, Bauer logró doblegar a la agente Renee Walker en una secuencia tan despiporrante y dramática que podría haber sido protagonizada por María Castro en ‘Sin tetas no hay paraíso’.

Y ya sabéis que, para nosotros, eso es algo bueno.

¡Vean su obra de teatro 'Una semana, nada más' ¡Paco casi se muere con los chit-tes de hemorroides!

En la escena en cuestión, para lograr sacar información que pudiese evitar un atentado, Jack llama a la agente Walker, que se halla en la casa del sospechoso. Teniendo el teléfono en manos libres, Jack ordena a Renee que ate a la mujer del sospechoso a un silla, pero que no la amordace. Es importante que sus gritos se oigan bien por teléfono. Acto seguido, Jack le dice a la agente Walker “Ahora, vete hacia la cuna del bebé y estrangúlalo”.



Si han dicho “¿Cómorl?”, la agente Walker también. Pero lo hizo. Poniendo las mismas caras que María Castro haciendo de la Jessi. 


Y la señora atada a la silla gritó más que cuando el terrorista de su marido se limpiaba la chorra en las cortinas. Y el terrorista, claro, confesó.


Menudo es Bauer cuando se cabrea.


8. “Voy a necesitar una sierra” (Día 2) 

Es un hecho por todos conocido que los mandos intermedios de las fuerzas de seguridad son, ante todo, unos mierdas. Como nos enseñó la excelente película ‘Grupo 7’ (que Enrique Dance, al ser española, se habrá negado a ver en salas pagando entrada) es algo muy habitual el contratar gentuza para que te haga el trabajo sucio, aprovecharte de dicho trabajo y, luego, ponerles a parir con la boca pequeña.


Bien, Bauer, anticipando esa reacción, decidió poner la venda antes que la herida al principio de la segunda temporada. Ante una situación de emergencia nacional, el CTU se ve olvidado a hacer uso de los servicios de Jack Bauer para infiltrarse en un grupo terrorista en el que ya había ejercido como topo en el pasado.

Bauer, lógicamente, sabe que ganarse la confianza de esa gentuza para que le acepten en la banda es un proceso que puede llevar meses. Y él sólo dispone de tres horas para conseguirlo. Así que toma un atajo bien creativo: pide que le traigan a un testigo protegido que había incriminado a varios miembros de esa banda. Una vez se lo traen a la CTU, Jack Bauer saca una pistola y le pega un par de tiros en el pecho. Antes que los que le rodean, aún en shock, puedas decir algo, Jack pronuncia una de las frases más míticas de la serie “voy a necesitar una sierra”. 


A continuación, decapita al que fuera testigo protegido para llevarse su cabeza como regalo de “vuelta a casa” a  la banda en la que se tiene que infiltrar.

Coñe, si sólo le daban tres horas para “Get the job done”… ¿Qué carallo se esperaban? Pocas veces se ha demostrado mejor que nada sale gratis, por mucho que Rajoy se empeñe con su reforma salarial o por mucho que Hernán Casciari hable del inalienable derecho a ver las series de la HBO si pagar un duro.


7. “Esperaba que me rescataseis” (Día 6)


Un palabro que gusta mucho a la hora de hablar de las cafradas de los servicios antiterroristas es ‘Realpolitik’, que viene a significar, más o menos “Ya me gustaría a mí que el mundo fuese un lugar en el que los unicornios retozan en los prados entre flores de todos los colores, pero hoy toca tomar la decisión menos chunga posible. Ya le estás haciendo un beso negro a Esperanza Aguirre”.

Durante la quinta temporada, Jack Bauer comete incorrecciones diplomáticas como asaltar la embajada china realizando, ya estaba allí, un jovial secuestro. Evidentemente, el cabreo chino supera al de Chicote en un Pizza Hut, con lo cual piden su cabeza al gobierno USA si no quieren que le hagan la caidita de Roma. La ‘Realpolitik’ se impone y Bauer termina en un penal chino del que sólo logra salir al principio de la sexta temporada porque… ¡el gobierno americano lo necesita ejecutar como parte de las condiciones que les exige un terrorista a cambio de información! Sí, un tal Abu Fayed que nunca perdonó a Bauer por matar a su hermano. Pues si no entiende el humor de Jack, que se vaya del pueblo.

Visitando al suegro. Really.

La sexta temporada consiste, pues, en darle a Bauer en el carnet de identidad hasta lograr que se rompa como personaje. En el capítulo final, un Jack ya hasta los cojones pone la ‘Realpolitik’ es su sitio: una cosa es que él sea sacrificable y otra muy distinta que no se pueda hacer trampas. Para el gobierno USA puede ser más cómodo usarle como un kleenex y dejar que se pudra en una cárcel ¡pero él se merece que se compliquen la vida por él! ¡Porque yo lo valgo! “Esperaba que me rescataseis” le dice a un político influyente, padre de su novia que ha terminado desquiciada después de casi dos años intentando sacar a Jack de la prisión china. ¡Claro que sí! ¿Cómo no va a tener una puerta trasera la Realpolitik? ¿O es que creen que pueden sacrificar a mi idolatrado Bárcenas así sin más? ¡Si Luís y Jack rompieron las reglas por ti, ahora te toca darlo todo por ellos! Si Jack logró escapar de China, es nuestro deber que pase lo mismo en la prisión de Soto del Real.


¡Todos somos Bárcenas!


6. Bauer no tiene palabra (Día 5) 

En la trepidante quinta temporada pudimos disfrutar de Peter Weller – Robocop himself! – como el malo de la película. Uno de los momentos que más me sedujo de esta entrega fue una negociación entre Bauer y Weller en el que el primero llegaba a un pacto con el segundo prometiéndole que no le mataría. “I give you my word”.


A esas alturas de la serie ya habíamos visto unos treinta mil pactos de la presidencia del gobierno con malhechores varios otorgándoles la inmunidad a cambio de colaboraciones diversas. Así que este acuerdo de Bauer y Robocop era uno más. ¿No?


Segundos después del pacto, Bauer le pega un tiro a Peter Weller. Con dos cojones. Y sin palabra.


A ver si ahora vamos a tener que ser educados con los terroristas, joer.


5. James Heller: un padre ejemplar (Día 4) 

La cuarta temporada de ‘24’ convierte a Bauer en uno de los peores yernos, cuñados (añadan el parentesco político que se les ocurra) ever. La muchacha con la que está, Audrey Raines, es la hija del secretario de defensa, James Heller. Durante esta entrega, Jack se verá envuelto en pollastres diversos con el exmarido de Audrey y, especialmente, con el hermano de ésta, Richard. ¿La razón? Que son sospechosos de terrorismo. ¿Cuál iba a ser, almas de cántaro?


El instinto de Jack le lleva a querer sacarle información  a hostias a ese niñato  hippie porrero, activista anti-gobierno y anti-corporaciones que es Richard. ¡Y es que, encima de rebelde y drogainómano, es maricón!

Lo Jrande de la serie a estas alturas es que, con el personaje de Richard, no deja muy claro su culpabilidad desde un primer momento. Durante un par de capítulos  se elude, por diversos motivos, el hacerle una buena tortura CTU style. ¿Son nuestros prejuicios a favor o en contra de este estereotipo andante de rojo de mierda lo que nos hace apoyar o condenar su tortura? ‘24’ juega con todo esto – Bauer incluso acepta que Audrey interrogue amorosamente a su hermano antes de recurrir a la violencia – hasta que durante el goteo de pruebas, en una progresión dramática ejemplar, se descubre una llamada a Habib Marwan desde el móvil de Richard.

Y entonces, con toda la solemnidad, música hiriente, iluminación sofisticada y el empaque que a James Heller le dan las canas y su grave voz, el secretario de defensa le dice a Jack Bauer una de las frase más sentidas, emotivas y aplaudibles de toda la historia de ‘24’.

“Señor Bauer, torture a mi hijo”.


Vamos, quien no se haga fan de la tortura ese día es que no tiene corazón.


4. El presidente Palmer NO es un mierda (Día 2) 

Hay un consenso generalizado acerca de que el presidente Palmer es el mejor mandatario USA jamás visto en una película o serie de televisión. Y no voy a ser yo quién diga lo contrario. Sus momentos memorables son legión, pero yo me quedo, como este post obliga, con su mejor épica fascista (y no, no me refiero a aquel en el que simula el lanzamiento de unas cabezas nucleares para que unos moritos que, hasta aquel momento, se hacían los más dignos e ignorantes del terrorismo del mundo, se aviniesen, de golpe, a dar miles de datos sobre células de Al Quaeda en su territorio).


Esa escena en la que Palmer se consagra es la apoteosis máxima del antimierdismo. El presidente no es de esos que critica a Bauer con la boca pequeña mientras se aprovecha de sus violaciones de la legalidad internacional. NO. Si él tiene que mancharse las manos como su amigo Jack, pues lo hace. Por eso, no tuve más remedio que subir al presidente Palmer a los altares cuando éste, to ciclao y con los cojones bien hinchados… ¡Se dedica él mismo a torturar a un sospechoso con electricidad y agua salada!


Si Iñaki Gabilondo tuviese que entrevistarlo como hizo con Felipe González con lo de los GAL, seguro que no era capaz de pronunciar ni la primera sílaba.

3. ¡Eran las grandes empresas! (Día 5)

En la tocada de cojones máxima, cuando todo el mundo daba a ‘24’ como la serie más imperialista y fascista jamás rodada, http://www.snow.edu/davida/2400/ethicsoftorture.pdf la quinta temporada se descuelga con un Jack Bauer antisistema ¡que va a por el presidente!

Hoy, Valencia, USA es un país de puta madre. Con toreros.

Para redondearlo, y terminar de chotearse de una descolocada progresía… ¡los malos son un conglomerado capitalista que controla la Casa Blanca! Si Batman combatía contra el 15-M, Jack Bauer pasa a formar parte de él.

Rajoy les rescatará con lo que le sobre de las autopistas.

Pero no teman: este es un post de celebración del fascismo. Y el fascismo es anticapitalista y antisistema. Como ese partido francés que está logrando acabar con la lacra del bipartidismo, que es donde nacen todos los problemas, según dicen. Y hay uno en Inglaterra que va por ese mismo camino. Claro que sí.


 2. Tu puta hija y tu puta madre (exaequo Día 3 y Día 8) 

Y aquí llegamos a uno de los debates más divertidos sobre el terrorismo. Por esto de vivir en EsP-P-Paña muchas veces me ha tocado discutir con filoetarras de variado pelaje. Sus argumentos tenían muchos matices, pero siempre un aspecto en común: era necesario hablar de todo en ABSTRACTO. De la misma forma que el repugnante Ortega y Gasset hablaba de ‘la clase egregia y la masa’ – Machado le replicó muy bien diciendo “a las masas nadie las salva, pero sí se puede disparar sobre ellas” – cuando a los filoetarras les toca abordar el incómodo hecho de que, feck, se mata gente, éstos tienen la necesidad de convertir a las víctimas en algo abstracto, para que todo quede en un debate universitario. Y, joer, es un recurso que funciona muy bien (y no te digo cuando algunas asociaciones de víctimas se ponen a rebuznar: la falacia del hombre de paja queda servida).

Educando a un aberchándal.

Pero, claro, estas justificaciones del terrorismo no estaban preparadas para…

…Jack Bauer.

El primero de los dos momentos a los que les doy esta medalla de plata exaequo se produce en la tercera temporada. En el Chandler Plaza Hotel un grupo terrorista ha propagado gas con Anthrax (sí, ya me gustaría que fuese abrir bombonas de butano mientras suena el ‘Among the Living’ o el ‘Sound of White Noise’, pero no). Con todo un grupo de huéspedes retenidos en el interior del hotel, Bauer acomete la investigación desde el exterior. A su lado, tiene a un terrorista que le lanza el sonrojante argumento “A veces, hay que encender un fuego para apagar otro fuego”. Ya saben, aquello de que la existencia del conflicto palestino justifica cualquier burrez terrorista que se te ocurra en Occidente. Esas abstracciones tan intelectualmente estimulantes.

Y era entonces cuando Bauer tenía aquel interés… en que llegase un helicóptero con la hija del detenido… Porque así éste se sorprendía… y Bauer buscaba… un argumento que le sirviese… decirle al terrorista “Como no me digas donde están el resto de las armas bioquímicas, meto a tu hija dentro”… pues… mucho mejor.

video


La sonrisilla de Bauer cuando grita “¡Metedla dentro!” es, posiblemente, más impagable que el acojone y el derrumbamiento del filosófico terrorista cuando se le tumba un argumento con más contundencia que una patada circular de Chuck Norris. Bauer hubiese arrollado a Kant. A Hitchens… pues no, porque Chris estaría de acuerdo con Jack. Feck, Chris hubiese metido a la niña en el hotel incluso después de la confesión.

El otro momento similar a éste se produce en la épica octava temporada. Un jovencísimo terrorista islámico se ha encerrado en una cámara de seguridad y amenaza con detonar un explosivo si lo quieren sacar. Ese chaval es el único que tiene una información que puede ayudarle a Bauer a detener una explosión nuclear en Nueva York. Por supuesto, no quiere cooperar, tirando de argumentario similar a todos los demás. Un Bauer al que el paso de las temporadas ha afectado seriamente a su paciencia, le sugiere que, si se le ocurre perseverar en su gilipollez, hará que su madre sea la primera en visitar el sitio de la detonación, para que de la contaminación nuclear que pille se garantice una agonía descomunal de quince días que ni con chutes masivos industriales de morfina pueda paliar.


Un chaval visiblemente acojonado, pero que tiene fe en la bondad de las instituciones del estado, le espeta “¡Tú no serías capaz de eso!”.


A lo que Bauer, en posiblemente el mejor primer plano jamás rodado en la serie, responde: “Tú… no… tienes.. ni idea… de lo que yo soy capaz”.

Miedito.

Eso le pasa por no haber visto ‘24’. No como los Marines, que han aprendido de esta didáctica serie técnicas diversas de tortura para aplicarlas en Guantánamo (fact). Vamos, lo que se llama instruir deleitando.



1. Amnistía Global (Día 4) 

Y llegamos a la medalla de oro con la siempre compleja pregunta de ¿Cómo carallo superar todas las atrocidades anteriores? Para empezar, con el mejor malo que haya conocido la serie: Habib Marwan.

Sí: Bauer TAMBIÉN le tortura. Si no, sería como una porno sin empelote.
Este terrorista logra eludir todas las acciones de Bauer hasta que, de pronto, ve cómo el CTU captura a uno de sus colaboradores occidentales. Habib se preocupa, porque dicho colaborador no es un devoto seguidor de Alá con el cerebro bien lavado que pueda resistir todo interrogatorio. Antes bien, es un clásico Bárcenas metido en esto por dinero que, a la que Bauer le acaricie cariñosamente el escroto, cantará todo. Y es entonces cuando Habib tiene una ocurrencia que hizo que me despellejase las manos aplaudiendo y que, en el proceso, le diese la medalla de oro al mejor momento fascista de ‘24’. Lo que hace Marwan es…

…llamar a Amnistía Internacional.


(Bueno, en la serie dicen ‘Amnistía Global’ por aquello de evitarse juicios y demás polleces, pero todos pillamos la idea ¿no?)

Así pues, un abogado to cool se presenta en el CTU alegando que ha sido informado de que van a violarse los derechos fundamentales de su cliente. Con la ley de su parte ¡logra evitar el interrogatorio! Y yo aplaudo a Marwan a la espera de ver la réplica de Bauer.

Bauer aguantándose las ganas de partirle la calva. 
Lo que le dice Jack al abogado es que, si el detenido no ha podido efectuar ninguna llamada… ¿Qué es lo qué le ha traído allí? ¿Es que no te das cuenta de que es la propia organización terrorista la que te ha llamado, retrasao? El abogado, confundido, echa mano del argumento de negar la amenaza y decir que él no tiene más cosas en cuenta que los derechos humanos. Bauer, tranquilo, le dice que espera que sea capaz de vivir con las consecuencias de lo que acaba de hacer.

Toma mi tarjeta, para el próximo atentado.

¿Y vosotros creéis que Bauer se conformará con ver cómo los terroristas triunfan sólo para poder decirle a un supernumerario de Amnistía Internacional ‘Told you so’? Mis cojones treinta y tres.

Bitch, get into my car.
En un alarde de creatividad análogo al de Marwan, Bauer solicita al CTU que le despidan fulminantemente. Cosa que hacen. Acto seguido, como ciudadano norteamericano de a pie sin relación con el gobierno, se cuela en el coche del sospechoso y comienza a partirle los dedos uno a uno hasta que logra la confesión. Acto seguido, vuelve a solicitar su ingreso en la CTU. Como mi héroe Bárcenas: “No era un despacho, sino un sitio en el que guardaba sus cosas; era una simulación en diferido…”

Y todos gritábamos "¡Rómpele otro!"

Así que ya lo saben: los derechos humanos son una patraña hecha para amparar al terrorismo internacional. Mayor pedrada que esa dudo que logre ‘24’ en su novena temporada.

Pero yo seguiré contando los días hasta que la nueva entrega llegue. Pleno de fe y de ilusión, comprando cervezas para disfrutar como un tierno infante de las escenas de tortura y deseando que, en algún capítulo, me obliguen a rehacer este ranking. Porque Bauer (por cierto, nieto de un célebro político socialista, gracias por el dato Cardenal Ximinez) todo lo puede, y la probablemente mejor serie de la historia es capaz de todo eso y más.

Let’s see ACTION.


Que haya gente vestida así en 2014 me sulibeya.
Barcelona es la capital europea del guayismo y de lo neocool. "Grupazos" como los Tu También lo saben e inician su gira mundial en la ciudad que ha desbancado a las medianías de Londres, Berlín o París como "city of reference" festivalazos como El Sónar, o el Primavera Sound aglutinan a los grupos del momento.Grupos que son famosos durante el tiempo que tardas en encontrar su single en Youtube, y que musicalmente son tan innovadores como Giorgio Moroder o Spagna; es decir que se han quedado copiando malamante a estos dos Titanazos y se limitan a ofrecer lo mismo, pero sin la calidad de estos. Bruce Springsteen, Pearl Jam, Muse o cualquier grupo que durante su primera etapa sólo seguían 4 freaks, se han erigido tambien en el adalid de la nueva modernidad conservadora, es decir de todos aquellos que peinan ya canas y que de jóvenes aborrecian discos como Born in The USA, Ten o el Showbiz; ahora son los mayores fans de discos mediocres como los que ha hecho el Boss desde Tunnel Of Love en adelante y se dan cita en masa como borregos, siguiendo a los pastores del Dominical del Periódico ya que les han dicho que eso es lo que mola.
De igual modo si vamos a la literatura, un autor un poco más elevado que Coelho, como es Murakami es encumbrado a la altura de Yukio Mishima y todo el mundo se ve obligado a recomendarte su Tokyo Blues o los otros libros cuyos títulos no recuerdo, y que tienen nombres tan rimbombantes que harían enrojecer de envidia a Lucía Etxeberría.

De golpe todo el mundo lee cómics, pero no los cómics que hemos leído toda la vida los palurdos como yo que llevamos toda la vida leyendo cómics, no. Ahora todo el mundo ha leído Maus, (pero no a Robert Crumb), ha leído Watchmen (pero no Wildcats), o leen cualquier mierdecilla pretenciosa y mal dibujada porque leer cómics, te da esa imagen de moderno abierto de mente y que está dispuesto a encontrar placer en cualquier forma cultural siempre y cuando venga reseñada en el Go Mag.

La Biblia.
En Barcelona no hay carpinteros y ebanistas, hay diseñadores de interiores. No hay reporteros gráficos, hay fotógrafos freelance. No hay camareros, hay creadores gastronómicos de esencias y sensaciones culinarias. Todo el mundo o es diseñador, o está escribiendo un guión o una novela, o trabaja en una productora.

Pero cual galos de una pequeña aldea de la región de Armorica, unos cuantos valientes resistimos, obviando tendencias, bares de modas, gustos impuestos y necesidades grupales de aceptación en la sociedad. Somos gente que jamás leeremos lunamigueladas,  y que, si lo hacemos, será para desenmascarar las verdades del barquero de esos libros engañabobos culturetoides. Jamás nos comeremos una cucharada de esencia de estramonio en su suflé de pipas de guano, porque donde estén una buena cervecica y unas bravas en la terraza de un bar de barrio. Si tú también te sientes alienado en esta ciudad tan chula de la muerte que ya ha caído en la autoparodia, aquí te damos unos cuantos consejos. Igual no te sirven para acostarte con la tipa más moderna y más cool de la city, pero vivirás mejor, más feliz y tendrás menos pero más placenteras raciones de sexo.


1-Empala bichos bola.



MATAR!!
Esta es opcional pero si empiezas por aquí definitivamente sólo puedes llegar a ser dos cosas o Ed Gein o Kevin Spencer. Nosotros lo hicimos en nuestra infancia y aún no hemos matado a nadie, así que estamos más cerca del bueno de Kevin. De pequeños mis amigos y yo éramos lo suficientemente tolais para pasar nuestras tardes de sábado jugando al Dungeons and Dragons, al Green Beret, al Ikari Warriors o al Hipopótamos Tragabolas,en un acto de desenfreno manual que luego nos vino muy bien al llegar a la pubertad y descubrir las cosillas que hacíamos  con nuestras cosillas. Nos aburría salir a una plaza a jugar a fútbol con matones que jamás captarían un sarcasmo, aunque John Mclane hiciera volar la Sagrada Familia, cogiera uno de los palmones de las torres y se lo introdujera por un orificio cualesquiera mientras un gorila en celo de 15 metros de alto, ondease una bandera que dijera: "Está siendo sarcástico". Eso sí la hostia te la ganabas igual. Así, como forma de canalizar la violencia en esos ratos en los que nuestros padres nos echaban de casa y nos mandaban al parque a jugar, ideamos una serie de ritos bichobolasatánicos, en los que mi colega y yo éramos las encarnaciones de Nyarlathotep y Azathoth para aquellos pobres oniscideos. Así que para aplacar nuestra sed de sangre les exigíamos a sus crias más gordas y las sometíamos a diversos ritos de muerte, siendo el más común el empalamiento en vida para luego pasar a ser pasto de nuestros heraldos las hormigas. En ocasiones especiales las torturas eran más crueles como dejarlos caer en una tela de araña y ver como la araña los encapullaba, pese a los penosos intentos de hacerse bola del bicho, y como su líquido vital era absorbido por la molona araña de jardín. O la más espectacular, la muerte por pop. En ella se aplicaba una lupa reflejando el sol al bicho, que moría quemándose mientras su cuerpo hacía pop-pop-pop como una palomita. Ahh... los pobres bichos bola de mi jardín tienen grabado a fuego y sangre el Holocausto que su raza sufrió entre 1989 y 1991.

2 - Escucha Schlager, la Lambada, AOR o Música Melódica Española antes de que lo hagan ellos.


Y si mezclas suecas y bigotón español mucho mejor.
Se han apropiado de todos los estilos musicales. Hasta de algo tan puro y noble como el Jevi Metal y el Punk de los Stooges ha sido adoptado por las hordas mierdiles. Ya no es raro ver a gentuza con flequillos grasiento luciendo camisetas de los MC5, los Ramones, los Stooges o Iron Maiden. Llevar camisetas jevis hace tiempo que es visto como una postura irónica en esos sectores, grupos ruidistas como Earth, Sunno (y añada usted cien paréntesis al fin de la o) Boris, que abandonan el metal para caer en terreno gafapastoso son parte de la culpa. Además, poco a poco se han apropiado de iconos del extrarradio como Chimo Bayo, el flamenco-pop de Camela y la música de los 80, o de sordideces tan inclasificables como el kraut-rock de Neu!, Can, Magma o Gong, porque según ellos anticipan al Post-rock de medianías como Mogwai, Explosions in The Sky, los agonias de Sigur Ros (joder si tu vida es aburrida no hace falta que me lo cuentes en 6 discos), o cosas inexplicables como Merzbow (joder no entiendo como hay gente que llama ruído a las obras del Ave y luego a esto lo llama música, falta de coherencia hay por el mundo). Ahora sólo nos quedan esos 4 estilos musicales puros, hasta hace poco quedaba también el Italo-Disco, pero los putos anuncios de mierda lo han acabado absorbiendo (con b, que estoy hasta los huevos de verlo escrito con v. Sorber va con b y de ahí deriva la palabra), bueno y Mark Gomley. Éstilos como el Schlager




La música de baile caribeña como la Lambada, el Baile del perrito, el Venao, Sopa de Caracol, El Tiburón. Seguro que no habéis visto a ningún tipo con barbas, camisas hawaianas, pantalones de pescar, zapatillas victoria y collar por fuera de la camisa bailar como bailan nuestros amigos de Banda Blanca. Eso es saber lo importante de la vida:  llevar pantalones blancos, camisa verde vómito de la niñadelexorcista, bigote y el peinado que te queda cuando sales de la ducha hace que tu vida sea 100% más divertida moviendo la cadera como El Juancar I de España no va a poder moverla jamás.




El AOR. Grupos perdidos en el tiempo y en el espacio como la isla de Lost, como Fortune, los Hiroshima, Alien, Masquerade, Last Autumn's Dream, Big Bad Wolf, están tan olvidados y su música es tan poco actual que jamás serán reivindicados por nadie excepto por los pocos que jamás hemos dejado de escuchar Aor, y Hard Rock Melódico. Porque en el cardado se encuentra la verdad, porque una batería sin reverb no es ni batería ni es na, y porque no hay nada más bonito que un riff de guitarra flotando sobre un colchón de teclados. (Esto también se aplica al Hair Metal, aunque ahora que se ha editado en castellano The Dirt, la biografía de los Mötley Crüe, no se tardará en ver a empanaos creyéndose Nikki Sixx.)




Iba a poner a los cantantes de canción melódica española, pero los hijosdeputa ya nos los han quitado. Raphael cabeza de cartel del Sonorama.  Cantantes como Francisco, Paloma San Basilio, Juan Pardo, Emilio José o Braulio, ya son pasto de las hordas arrasadoras de la postmodernidad irónica. Joder con lo que me jode. Los 70 en España sirvieron para que artistazos como estos, dotados de una sensibilidad especial y de unas voces que ya quisieran para ellos titanes como Barry Manilow o Engelbert Humperdinck, llevaran la música melódica a unas cotas de popularidad y calidad que no se han vuelto a repetir. ¿O acaso no es Juntos la mejor canción española de todos los tiempos? Venga, ya lo que nos faltaba, fans del llorica de Nacho Vegas bailando Escándalo. Pero bueno, no nos dejemos amedentrar, como los fans de la morcilla de Burgos ante los stands de la Asamblea Nacional de Cataluña y reivindiquemos esa música, esos andares, esas letras, esa delicadeza, ese machismo inherente que sabe tratar a la mujer con la delicadeza que se merece, es decir, dejándola ser el receptáculo elegido para nuestro solaz y divertimento sexual. Luchemos porque mujeres como Mari Trini o Amaia de Mocedades sean la verdadera representación de la mujer española, la que te espera con el rodillo en casa cuando vuelves a las 4 de la mañana del puti. Recuperemos la esencia que nos hizo grandes.




3-Viste unos tejanos y una camiseta y péinate con raya.


Se han apropiado del bigotón que tanto defienden en Bigotónwatch, de los pelos largos, de los pelos cortos, de las patillas, de los flequillos, de los pantalones de pitillo, de los pantalones anchos, de todo. Incluso  del look de Urkel (o sea, me toca los cojones, que yo que iba más o menos así con 12 años era víctima del escarnio de todos y ahora resulta que es el aspecto que has de tener para ligar, joder porqué no se os ocurriría hace 15 años que me hubiera puesto las botas, panda hijosdeputa). Así que la única manera de vestir diferente es vistiendo como te vestían tus padres cuando te hacían la foto en el cole.

Creo que el look que hubo entre 1988 y 1995 ha sido el look menos erótico de la historia.
Ese peinado anodino que era el que te hacía tu madre hasta hace un par de años, pero que tú, en tu tontuna de adolescente, intentabas modificar de la peor manera posible, como usar kilos de gomina, dejártelo largo pero rapándote los lados, o simplemente dejabas que estuviera allí. Esos pantalones tejanos con dobladillo porque tu madre no quería pagar las 300 pelas del arreglo en la mercería de la Sra Lola. Esa camisa de estampado chiquitistaní, que luego usaría el nunca suficiente alabado Alfonso Arús para su mejor personaje, Nuñito de la Calzada, pero que tu madre te compraba después de que estuvieras toda la semana diciendo que la necesitabas para ligarte a la Susana de 2ºB, esa que en el fondo acabó siendo tu amiga del alma, mientras el porrero repetidor la hacía suya en el mirador de la Rabasada con la Yamaha Jog. Y tú, en cambio, jugando a Las Máscaras de Nyarlathotep en casa del Enric.





4-Vete a la discoteca de tu barrio o sal sólo en las fiestas de tu pueblo.



Reconócelo, en esos sitios tan modernos estás más perdido que un hijoputa el día del padre. Pasas más tiempo yendo a la barra e intentando explicarle al camarero lo que es un Glenfiddich, que bailando. De ligar ya no te digo nada, las tías sienten ante tí lo mismo que siente un fotógrafo de National Geographic con los yanomamis, un interés antropológico que se resume en la siguiente frase: "¡Joder, vaya mierda de sitio! ¡Dejan entrar a cualquiera!". Mientras tú, educado en las orquestas que tocan los gritits jits del momento y en los bailes aguantando el cubata con la oreja y el cuello, mientras mueves los brazos como las alas de un aguilucho antes de alzar el vuelo, piensas que las tienes a tiro. Reconócelo, jamás distinguirias una canción de otra y jamás tendrías un tema de conversación adecuado con alguna de esas mozas. Para evitar este choque cultural, agenciate cuanto antes un Calendario Zaragozano, donde te vienen marcadas las fiestas patronales y no te pierdas una. Allí, entre las mozas y zagalas de pueblo eres un auténtico Titán. Recuerda, para ellas eres un rico que viene de la Capital, en definitiva, aspiran a pegar el braguetazo contigo. Además, las orquestas que tocan en esas fiestas, viven de un repertotio en el que lo más moderno es el Agradecido de Rosendo o Zapatillas de El Canto de el Loco. Canciones que reconoces y que significan algo para tí, no como esos grupos extraños y repetitivos como The View, o Justice. Y ese momento especial cuando suenan los primeros acordes de trompeta del Paquito El Chocolatero y ávido de mozas agarras a la hija del Eufrasio, que se le han puesto unas berzas como dos aviones, para hacer el trenecito con ella. Si hasta Mike Oldfield la tocaba en sus conciertos en los 70 para dejar de aburrir a su público con las agonías del Ommadawn. Fijaos en lo feliz que está el público.






5-Tus drogas: Voll Damm o vino tinto y Bravas


El almuerzo anticool por antonomasia.
Nada de drogas chungas o con compuestos químicos extrañísimos, ni con nombres de coches o personajes de dibujos animados de los años 30. La cocaína provoca aneurismas y el cubata cirrosis. Durante toda la vida has visto a tu abuelo más sano que Benjamin Button a los 60 y todo gracias a sus raciones de bravicas y su cervecica. Abandona guayismos nada nutritivos y que son más una pose que una auténtica receta gastronómica. ¿Qué es eso de unos Huevos Benedictinos? La única posibilidad de comerme unos huevos de esos es siendo interno de un colegio de La Salle en Connecticut y el hermano O'Leary me estuviera amenazando con una regla de madera. Y aún así, me resistiría. Mucho. Y mordería. Tu abuela vivió feliz comiendo chorizos del pueblo, y siempre le importó un huevo las opiniones de los demás con respecto a su aliento. Abandona la hipocresía gafapastil de no disfrutar de un buen àpat por contener más de 1000 calorias. ¿No ves la cara de amargaos que tienen cuando salen por ahí, y lo flacuchos que están? Tú en cambio eres todo alegría y buen humor. Feliz con tus michelines y contento cada vez que hay una oferta en el Burger King. Ya lo decía Portrait en relación a algo suyo: "La felicidad está en las pequeñas cosas" y así está él de flacucho. Bigger is Better.

Hay más cosas que darán para futuros posts que iré haciendo paulatinamente, pero si quieres convertirte en un auténtico abanderado de lo Anticool empieza por estos sencillos pasos. Al principio será duro, porque poco a poco tus amigos te irán abandonando al ver que te alejas de su camino de sabiduria, pero has de ser fuerte y pensar que todo sacrificio es digno de su resultado, o ¿acaso creía John Bobbit que después de que le cortaran el pene iba a hacer pelis porno?

Y recuerden, seguramente encontrarán faltas de ortografía, pero nunca acompañando textos tan divertidos como los que aquí publicamos.

EDIT: Apreciados lectores. Es el signo de los tiempos, hagamos lo que hagamos jamás podremos desmarcarnos de la modernidad. Ya está, la normalidad ha sido absorbida como tendencia. Durante el tiempo que he estado haciendo la investigación y la escritura y publicación del texto, ha aparecido una nueva tendencia hipstera: El normcore, o como ir de normal pero con una postura irónica y mirándote por encima del hombro. Lo jodido es que, lo que llevamos años reivindicando desde mi anterior blog y desde este de dejarse de chuminadas y ser feliz con lo que cada uno es sin importar lo que piensen los demás, ha sido incorporado por algún cazatendencias de alguna revista de tendencias demierda de esas que le robas a veces a tu novia porque dan para paja; no vamos a ver un puto duro de esta implantación rebañística de nuestra forma de ser.

Lean más sobre el normcore




Siga al autor de ESTO en twitter:

MKRdezign

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con la tecnología de Blogger.
Javascript DisablePlease Enable Javascript To See All Widget