octubre 2015

No soy cómico. Admiro profundamente a la gente capaz de escribir chistes. Yo lo que soy es el típico niño graciosete al que le aplaudían sus tonterías todos los familiares en las fiestas de fin de año cuando contaba chistes de Arévalo. Luego crecí y me convertí en el enano que quería ser el centro de atención porque su altura no le permitía de todas maneras que nadie le tomara en serio. Ya sabéis lo que pasa con los bajitos: bien se meten a hacerse los graciosos, bien se convierten en gilipollas que se casan con Carla Bruni o deciden, en un momento de capricho, invadir Rusia en invierno.

Vamos: que no es lo mismo escribir un blog que currarse un guión y soltarlo ante un público, tal y como nos enseñó aquel capítulo de El Príncipe de Bel Air (Temporada 3, episodio 22).

Por eso me hizo ilusión y me acojonó al mismo tiempo cuando dos cómicos, Fernando Moraño y Richard Salamanca, me invitaron a su programa de radio / podcast. Dos profesionales y un aficionado. Un aficionado con resfriado, dos frenadoles en el cuerpo y unas décimas de fiebre. Lo ideal para ponerse a hacer esa cosa que acojonaría a todo autista o a Mariano Rajoy: improvisar.
Salamanca, haciendo de intelectual en Cine Basura: La película.
Porque parte de mi intervención en el programa era una entrevista. Lo que yo no sabía exactamente (por el pequeño detalle de no haber escuchado ninguno de sus programas anteriores debido a mi exceso de estupidez) era que las preguntas no eran como siempre sobre la peli, el blog o el color de mi ropa interior. Eran cosas absurdas y tenía que ser rápido y soltar una chorrada.

Creo que las solté. No he querido escucharlo otra vez porque me da reparo oír mi voz (lo cual va a ser un problema a la hora de montar la peli). Pero yo me reí bastante, la verdad. Se pueden distinguir mis risas fácilmente por las toses tísicas que las acompañan. Espero que os guste:

Alguna vez he dicho en ente bloj que una de las frases que más odio es “¡Retírate ya!”. No. Quiero seguir comprando discos de Ian Anderson. Quiero ver a Harrison Ford dando leches. Mataría por otra película con Clint Eastwood de protagonista. Quizá matar sea exagerado. “Daría una patada en los cojones a alguien imbécil” sería más adecuado. El caso es que nunca he sido del culto a la juventud. De adolescente, era un viejo prematuro que escuchaba Mark Knopfler y nunca fui fan de boy band alguna. Yo empecé directamente por Battiato, que hablaba de cosas de viejos como la época colonial en Libia y no de amor forever and ever for eternity. Y hoy en día aplaudo a rabiar a un George Miller dando lecciones a cualquier joven director de acción con “Sacándome la chorra: Fury Viagra”, título alternativo de la mejor peli en lo que va de año.

Siguiendo este razonamiento, el súmmum de mi amor por los artistas viejunos es aquel dirigido a gente que encuentra el triunfo sólo cuando ya le cuelgan las carnes y su principal preocupación no son las groupies, sino su próxima visita al urólogo. ¿Es mi también publicitado aquí amor al underdog? Quizá. Pero no paséis por alto este tan entrañable fenómeno. Tened en cuenta que hay una figura que encarna a la perfección este papel y que, sin él, España directamente habría sido una auténtica mierda las últimas décadas.
Ecce Homo que llega...
Pero hoy no voy a hablar de la persona más importante en la historia reciente de nuestro país, de Europa y probablemente hasta de Albacete. Hoy voy a reivindicar la leyenda de otro jrande un tanto olvidado hoy en día. Injustamente, claro. Porque para mi mente adolescente nada producía más amor que ver videoclips de éxito con un señor mayor con sombrero y un glorioso bigotón en el cual se podría refugiar una familia de inmigrantes argelinos de diez patrullas fronterizas racistas húngaras.
Esta jloria bendita:
Nombre real: John Larkin Magnum P.I. Cómeme El Bigote.
Larkin era un pianista de jazz que siguió el camino predecible de músico maldito: malvivir, tocar en bares, ser torturado por J.K.Simmons, emborracharse y darle a los estupefacientes que rondaran por Los Ángeles. Que en los 80 eran TODOS.

Dado que tenía un inmenso bigote, decidió que el lugar donde empezar una nueva vida en los 90 era Alemania. El país que dio origen a la trifuerza de la sordidez que son el schlager, el eurodisco y el porno ssserdo (el cual nos enseñó que, efectivamente, ahí cabía un puño y que lo amarillo era un método alternativo de entretenimiento). Larkin buscaba ganarse la vida, pero el jazz es un tipo de música que general las mismas simpatías que una conferencia de Alejandro González Iñárritu en la Comic Con. Con todo, siguió intentándolo en clubes germanos introduciendo un nuevo y emocionante componente a su repertorio: cantar.

El problema es que Larkin era tartamudo.

Muy tartamudo. Nivel Michael Palin en ‘Un Pez Llamado Wanda’. Nivel Paco Fox hablando con Ana de Armas. Muy grave.

Sólo se le quitaba cantando y, concretamente, haciendo scat. Que no es, una vez más, una referencia al porno alemán. O quizá sí y por eso lo contrataron en ese país. A lo mejor no entendieron muy bien a lo que se refería nuestro héroe del bigotón. El scat, en esta acepción, se refiere a una forma de cantar jazz usando sílabas sin sentido a una cierta velocidad. Algo que posiblemente venga de África, si bien hay variaciones similares del mismo concepto de balbuceos sin sentido en la música celta y en cualquier fiesta española en la que suena una canción de Eminem justo antes de que entre el estribillo de Rhianna.

De esta manera, Larkin se unió con un tal Tony Catania, que como su propio nombre indica NO era de Düsseldorf. Italo disco, euro disco alemán y bigotón jazz se sumaron y engendraron a Scatman John, que sería el nuevo nombre artístico de ente onvre. Para su primer single decidió hacer de su impedimento su bandera, su traje y hasta sus calzoncillos. No sólo dejaría claro que era un tartaja, sino que estaba orgulloso de ello y que todo tartaja puede aspirar a la grandeza. Esa es la letra de ‘The Scatman (Ski Ba Bop Ba Dop Bop)’. Una canción que no es que lo petara: es que si no te gustaba en 1995 eras mala persona. Y hoy en día también.


Con 53 años, John Larkin había alcanzado de una puta vez el estrellato mundial que se merecía por su amplia experiencia en molar.

Como solía pasar en estos casos de éxitos dance, el disco llegó después. Pero no era un simple CD construido alrededor de una canción. No, joer. Larkin era perro viejo y, si bien estaba en manos de sus productores, decidió hacerlo… ¡conceptual!. ‘Scatman’s World’, titulado como el segundo single que, sorprendentemente no se metió el hostión habitual de los one hit wonders, trataba de una sociedad utópica llamada Scatland (dios: cómo me está costando no hacer chistes de caca). De hecho, el disco culminaba con una balada a piano que era como si ‘Imagine’ de Lennon hubiera sido recitada por un señor mayor, con sonidos de pajaritos y con un coro de niños estilo ‘El Bosco’ de Luis Cobos. O sea, mucho mejor de largo.

El disco funcionó muy bien en todo el mundo, pero lo petó realmente en un sitio en particular. Veamos: ya tenemos implicados a dos de los tres expertos en sordidez musical mundial: Alemania e Italia. ¿Qué queda?

Japón, por supuesto.

Allí, según wikipedia, se convirtió en el 9º disco más vendido hasta la fecha por un cantante no japonés. Y es que cuando a los nipones les gusta algo, les gusta DE VERDAD. Tanto es así que hicieron una versión de ‘Scatman’ adaptada al japonés cantada… por Ultraman. Para que nos hagamos una idea, es como si los ingleses hicieran que Matt Smith sacara un single titulado “The Doctor Who La Macarena”. Oh, wait, que eso casi casi casi existe: http://vicisitudysordidez.blogspot.com.es/2014/11/el-dia-en-el-que-doctor-who-se.html

En la portada del single aparecía Ultraman llevando presentando al mundo el bigotón y el sombrero característicos de Larkin. Una pena que en el videoclip sólo se dejara el gorro y no le pusieran un buen bigote. Una oportunidad perdida de molar más que los pesados Power Rangers.


El difícil segundo disco de Scatman John, evidentemente, vendió mucho menos. Aunque todavía tuvo un cierto éxito con su single ‘Everybody Jam’ en el que homenajeaba a Louis Armstrong. Porque Larking estaba haciendo música alejada de sus inicios, pero llevaba a sus ídolos en el corazón. En Japón, por supuesto, siguió triunfando a lo grande porque en ese país la gente sabe reconocer una sordidez de la buena cuando la ve. Y porque no se puede hacer algo más grande que versionar con chunda chunda y scat una de las canciones a su vez más sórdidas de Queen:


Admitidlo: al escuchar esto, vuestro mundo acaba de implosionar y ya no tenéis certeza de nada en la vida excepto de que vuestra vida sería mejor si os afeitarais esa barba hipster y os dejárais bigote de una vez.

Lo malo de esta historia para un blog chorra como éste es que, justo a tiempo de que su popularidad más allá de Japón empezara a morir, Scatman desarrolló cáncer de pulmón. Con todo, cual Freddie Mercury de la vida, grabó enfermo su último disco, que fue publicado seis meses antes de su fallecimiento. Su momento en el estrellato fue breve, pero maravilloso. Inspiró a niños con tartamudez a no tener complejos y, lo que es más importante, a señores de 50 años a hacer música, escribir libros o lanzarse a hacer unpackagings en Youtube.

John Larkin pudo vivir cinco años de gloria y alegría. Y aquí estoy yo para que ese breve periodo de relevancia de uno de los bigotones que marcaron mi infancia no caiga en el olvido dido duru dadido pa pa para bó.

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Vale. Ya sé que hace siglos que no escribo un artículo de los habituales del blog. Que llevo dos posts contando mi vida. Pero os aseguro que esto no se va a convertir en una bitácora. A mí lo que me apetece es investigar sobre películas, más hechos conocidos que en realidad son mentiras o los subgéneros más graciosos del porno. Pero esto es lo que pasa cuando se hace una peli, se tienen viajes de trabajo y encima hay cambios en la oficina. El tiempo libre escasea. ¡Por el amor de Feck, que hasta llevo mes y medio sin ir al cine! ¡Esto no me había pasado nunca! Y lo que es más grave: he batido mi récord de periodo más largo sin hacerme pajas, lo cual es algo de lo que me avergüenzo profundamente, porque ya sabéis que defiendo el onanismo como principal método de ocio inútil por encima incluso que meterse en internet a intentar convencer a alguien de que está confundido en su opinión sobre el nacionalismo.

Así que hoy toca sacar un rato de asueto para contaros mi viaje de tres días a Sitges. ¿Por qué esta vez sí y las otras que he ido los cuatro últimos años no? Pues ya lo he dicho: porque no tengo tiempo para investigar. Que para qué me escribo el primer párrafo si luego no os lo leéis. coñe.

Sin embargo, sí que es verdad que ésta ha sido sido la visita más extraña y, hasta cierto punto casi irreal, de todas. La he vivido como en una nube. En parte por haber dormido un total de 12 horas y media en tres noches. En parte porque esto de tener contactos y tal ha hecho que me cruzara en el camino de algún que otro famoso. Y mi actitud con ellos no es la usual.

Veréis: a mí, que no me importa hablar de mis pajas (¡os he dicho que leáis el primer párrafo, cojones ya!), me da mucha vicisitud asaltar a un famoso al que no conozco. Cuando veo a gente haciéndose fotos con una estrella, yo nunca participo. Siempre pienso que al pobre señor le va a molestar. Y que qué más da tener un momento con una persona con la que apenas habré compartido una frase. Una frase tan interesante como “Disculpa, pero ¿podría hacerse una foto?”. Creo que hay cosas más interesantes que decirle a una luminaria de su campo artístico que esa. Por ejemplo, “Tiene la bragueta abierta”. Pero no creo que nunca se dé la ocasión.

Esa actitud ha contrastado con la de Carlos ‘Oso’ Palencia, que me acompañaba a hacer Cine Basura en Directo. Aquí lo tenemos con Rick Baker:

Oso, en deliberada actitud freak, acosando a un legendario maquillador.
Y más fotos que se ha hecho. Porque ha sido bonito ver a mi compañero de programa viviendo el festival como un niño viendo su primera película porno. Pero no solo por ver famoseo, sino por la interacción.

El primer día fue muy raro. No raro en el sentido “hay elefantes rosas en mi campo de visión y creo que es por el jägermeister”, sino en el de “siento que la raja del calzón se me ha metido por el cerete”. Vale: sé que esta última frase en apareciencia no tiene sentido. Pero si lees la metáfora con un espíritu abierto verás que, efectivamente, no lo tiene. Pues así me sentí ese viernes. Nada tenía lógica. El viaje fue raro (nunca había cogido un puente aéreo), el hotel era raro (¡un hotel en el que te pierdes para llegar a la habitación) y, lo que es peor, la entrevista que me hizo TVE fue más rara.

Principalmente porque la hice tan mal que ni siquiera la han emitido.

Pero sobre todo por el momento cumbre de vicisitud cuando, en la sala de salida del Auditori, totalmente vacía, me preguntan:

Entrevistador: ¿Y piensas mover tu película por festivales el año que viene?

Paco Fox: Pues claro. De hecho mañana conoceré Ángel Sala en una mesa redonda y pienso darle mucho por culo.

En ese momento, salida de la nada como un gas en un velatorio, una mano me golpea la espalda.

Ángel Sala: Pues eso lo veremos mañana entonces.

Muy bien, Paco. Causando buena impresión. Vas a llegar lejos.

Luego nos fuimos a nuestro Cine Basura, experiencia que volvió a añadir sensaciones extrañas al día. Tuvimos que preparar la sala en 5 minutos y empezamos con la gente todavía entrando. Salió bien, conmigo un poco lento pero seguro, Oso ON FIRE y Paco Cabezas corriendo de nuestra peli a la proyección de la suya y vuelta. Efectivamente: todo muy raro. Pero no tanto como salir y bajarse a la fiesta de apertura del Festival. Irnos con una amiga mía y acabar tomando unos gintonics con… Ángel Sala, que no parecía guardar rencor hacia mi anal declaración. Para, a continuación, entrar todos en Pachá y que nos recibiera Víctor Sandoval.
Grandes luminarias de la noche sitgeniana
En ese momento, el cerebro de Palencia estalló. De risa. Oficialmente, había sido el día más raro de su vida.

Con este icono de la telebasura no hablamos no sólo por mi falta de afición a alternar con famoseo, sino porque no me acordaba de cómo demonios se llamaba ni qué hacía con su vida más allá de llorar en vídeos de El Intermedio.

Tras tirarme hasta las 4 rajando con Paco Cabezas, feliz por la recepción de su peli, y Miguel Ángel Vivas, siempre dispuesto a hablar de la Cannon, en una extraña triada andaluza, volví a dormir mis… cuatro horitas o así.

En algún momento de tanto lío, amén de alguna reunión laboral, saqué tiempo para ver ‘Knock Knock’, la última peli de Eli Roth, el cual parece que vive en este festival. Mi interés en la película era exclusivamente ver a Ana de Armas en pelotas, cosa que se cumplió. Pero el resto no cuenta nada, se hace largo y tiene un clímax con la peor interpretación de Keanu Reeves de toda su carrera a pesar de hacer un gran trabajo en el primer acto. Y por ‘peor’ quiero decir ‘cine riéndose con sus gritos’. “Menos mal que nadie me va a preguntar qué me ha parecido, porque no tiene distribuidor español” - pensé.

Excepto que me lo preguntó el productor al día siguiente.

Y Eli Roth.

Y mentí como un cabrón.

Porque, haciendo un flash fordward, al día siguiente tuve otro roce con el famoseo. Gracias a mi trabajo, me colaron en la sala VIP antes de la peli ‘Absolutamente Todo’ de Terry Jones. No estaba el prota Simon Pegg, lo cual es una pena porque llevaba mi camiseta de la trilogía Cornetto. Ni siquiera Kate Beckinsale, la mujer de la que un jefe de prensa dijo que ‘es tan tonta que no vale ni para El Hormiguero’. Pero sí el director.

EL PUTO TERRY JONES.

Con tanta alabanza a Terry Gilliam, Jones no recibe el respeto que se merece. Sí: quizá fuera el miembro menos loco de los Monty Python, pero cojones: dirigió ‘La Vida de Brian’, que es la mejor comedia de todos los tiempos. Por no hablar de ser el autor de cierto libro de historia medieval que he leído hasta tres veces. Vamos, que me encontré ante otra de esas disyuntivas que se presentan cuando estás ante un verdadero GRANDE: ¿Qué cojones le voy a contar yo a este tipo? No puedo aportarle “Absolutamente Nada” (¿Habéis visto? ¡Un juego de palabras con el título! ¡Soy ingen… no; no lo soy)

Lo curioso es que estaba bastante solo y poco hablador. Tengamos en cuenta que tiene una edad, eran las 23:30 y está a punto de estirar la pata. El señor está muy malito. Así que quedarme de pie solo a su lado con silencio incómodo fue la pesadilla de un neurótico social como yo:
¿Me hago el ingenioso? Dios mío: es uno de los mayores cómicos de todos los tiempos. Mejor no
¿Hago small talk? Odio el small talk. Él lo odiará también.
Está en las últimas. Sólo quiero decirle que es un jrande. Pero eso se lo dirán todos los días.
Voy a meter la pata. ¿Qué cojones le cuento?

Paco Fox: Joder, mira el pelo de esa moderna hipster de ahí. Parece un personaje de la nueva de Star Wars.
Terry Jones: ¿Eh?
FAIL.

Así que, tras otro intento de hablarle de lo que quería ver su peli (falso: sabía ya que era decepcionante), me fui a charlar con Eli Roth, que no sé por qué estaba allí con su productor. Curiosamente, le hizo una foto a mi camiseta y luego pasó a preguntar: “¿Qué tal Knock Knock?” “A mí me interesaba ver a Ana de Armas”, dijo Fox esquivando la pregunta como Neo en Matrix. “¿Did you enjoy it?”, insistió por su parte el hipertrofiado director americano. “¿Psssssssssíiii??? Si. Sí, claro”.

No me juzguéis. Mide 20 cms más que yo. De lado a lado y de alto. Y quizá hasta de polla.

Menos mal que usé una maniobra de defensa que ni Alejandro Magno en Gaugamela y desvié el tema a hablar un buen rato de Argeto, Simonetti y Fabio Frizzi. Obviamente, no pedí foto. No es que sea especial fan de Roth y, además, ya tengo un vídeo hablando con su novia en la que él me mira con cara de ‘Joder con el enano éste a ver si se calla’.

Eso sí: hay foto con Terry Jones. Y no: no incumplí mi habitual timidez de pedir una con famoso. La echó el distribuidor de la película con parte de su familia y luego recortó el cacho en el que estamos juntos para mandármelo:
Mandíbula desencajada de felicidad vs “Qué hago yo aquí”.
¿La peli? Pues se pasa el rato. A mí me sentaron a Jones justo delante y, sabiendo que le quedan dos Intermedios (porque ya equiparar ‘Telediario’ a ‘Informativo’ en España es una cosa fea), me dediqué a reírle hasta los chistes que no me hacían gracia. Pobre hombre: que escuchara que la gente se lo pasaba bien. Por otra parte, es muy curioso que, en una película con Simon Pegg, Terry Gilliam, Terry Jones, John Cleese, Michael Palin y Eric Idle, el más gracioso sea el americano Robin Williams haciendo de perro hablador. Pero muy muy gracioso. Tanto que me puso triste. Era un puto genio.

Flash back e inciso a mis aventuras con la gente que me conoce a mí. Porque se supone que yo, a mi vez, soy un famoso de tercera regional sin posibilidad de acceso a regional preferente. Con gente como yo sí que entiendo que hay que hablar y molestar. ¡Molestadme! Al fin y al cabo, con mi nivel mínimo de celebridad es puro alimento para el ego. Tuve tres encuentros con gente que me conoce por el blog o Cine Basura. Dos de ellas reveladoras de mi personalidad.

Primero quedé con Henry Bandini, amigo de facebook al que ya había visto en otra ocasión, que me quería entrevistar. De puta madre. Como quedar con un colega. Durante la entrevista, yo estaba distraído. No por cansancio o por ver a Richard Stanley pasar. No. Era porque a mi lado había una joven rubia IMPRESIONANTE. Así que nos levantamos para hacernos unas fotos. Y la rubia nos siguió. “Disculpa, os he escuchado y soy súper fan de Cine Basura”.

Paco calla. Paco se pone rojo. Paco no sabe qué decir.

Agradezco, nos hacemos unas fotos, soy incapaz de articular palabras coherentes y Henry, una persona de mundo y con cerebro, le pide el teléfono a la chica (la cual le ayudó bastante en los siguientes días con entrevistas y eso). Yo me quedo mudo como el héroe del no follarás en la vida que soy. Y como el famoso de tercera que también soy: sigo sin poder procesar que una chica joven, guapa y con cosas más interesantes que hacer se quiera hacer una foto conmigo.

Foto que también se hizo otra fan de Cine Basura y Videofobia que vino de Barcelona a vernos a Oso y a mí. Una chica muy dicharachera (dios: tengo que actualizar mi lenguaje más allá de 1980) con la que charlé un rato y que, al final de la quedada, me comentó jocosamente:

Estoy muy decepcionada: No me has mirado nunca las tetas desde que me has visto

Cría fama, échate a dormir y despiértate con un porcentaje de la blogosfera pensando que eres un obseso sexual.

Uy, perdona. Es que el tío de internet es en realidad un poco un personaje. Yo en la realidad soy más normal y caballeroso”.

El rey de la fiesta. En serio.
Y, tras reafirmar mi ser NO-MACHO, hice lo normal: bailar durante una media hora como una maricona loca con Eduardo Casanova sin siquiera presentarme ni hablar con él. Pero esa segunda noche de juerga mejor dejarla de lado. Sólo diré que mantuve mi virginidad anal y que estoy seguro que para ciertos conocidos tengo un lío turbio con una morena espectacular de metro noventa y cuerpo de Betty Page. Con la que, en realidad, no tengo nada porque a) yo no quiero, b) ella no quiere y c) su trasero me llega a la altura del estómago por lo que no puedo ni arrimar la cebolleta. Desventajas de ser enano.

Tras dos días de famoseo (también tuve una mesa redonda con Jimina Sabadú y Alejo Cuervo, que es un tío con una conversación muy interesante), entrevistas de trabajo y bailes hasta las 6 de la mañana con iconos gays, el tercer día fue más normal. Vi ‘I Am Your Father’, el documental sobre David Prowse que está la mar de bien y es esencial para los fans de ‘La Guerra de las Galaxias’ (esto es, para todo el mundo con criterio cinematográfico y vital) y ‘The Gift’, una de esas raras películas que no tendrá tanto eco crítico como se merece el tremendo acierto de coger un subgénero tan manido como ‘el extraño raro y psicópata’, darle dos lavados y un centrifugado y hacer algo totalmente nuevo. Los poco despiertos dirán que es un telefilm. No. Es de lo mejor que se podía ver en el festival junto a ‘Turbo Kid’. Lo cual me lleva a la segunda foto que me hice con un invitado del festival. ¿Oliver Stone? Pa qué. ¿Balagueró? Naaaa. Yo me hice foto con los directores de ‘Turbo Kid’.
Justo después de llorar juntos la muerte de Robert Z’Dar. Seriously
¿Por qué él sí? Supongo que porque para cuando nos hicimos la foto ya llevábamos un buen rato charlando de lo que mola su película y mi pequeño papel en su compra para cines en España. Probablemente porque no son unos FAMOSOS con mayúsculas, sino unos freaks como yo que han acabado allí una madrugada de octubre en la fiesta de una peli española. O a lo mejor porque me parece más simpático vacilar con toda la comunidad freak de una foto con estos tíos que con una de Bayona, Baker o Segura. Precisamente por ser desconocidos, pero los creadores de una de las pelis nerdas del año. O quizá fue el alcohol.

Sí. Fue el vino. Sin él no les habría invitado a mi casa para que vinieran a la CutreCon. No vendrán, pero está claro que me siento más a gusto al lado de unos freaks como yo que de un pobre famoso al que molestar.

Because they are one of us.

One of us.

One of us.

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Tras mucho dar por saco con 'Cine Basura: La peli', cambio de tercio a algo totalmente distinto:

'Cine Basura: El pograma'.

Lo que es en parte la génesis del MAGNO proyecto cinematográfico vuelve a celebrarse en el Festival de Sitges el próximo viernes día 9 a las 22:45 horas. Por si vivís en un mundo ajeno a ente bloj (¿y qué jurado os condenaría?), se trata de escuchar a tres perturbados comentar una peli cutre. Como siempre, se podrá ver en Canal+Xtra en el audio 2. Lo que me recuerda que me fascina la posibilidad de que haya gente que esté haciendo zapping, se encuentre con estas mierdas y tenga seleccionado al audio 1. Quiero conocer a algún abonado airado o, mucho mejor, al que se quede a ver la peli Y LE GUSTE. Que hay gente pa tó.

Si lo que queréis es vernos a Carlos 'Oso' Palencia y a mí en vivo, pasaos por la Sala Tramuntana (en un lateral del Auditorio principal). Es gratis y prometo abrazos y cariños a todos los asistentes que los requieran. A los dos.

Después de tener en la pasada edición en Madrid a Amarna Miller, el nivel de invitado estaba muy alto. Así que soy consciente que no voy a poder superarlo. Por lo tanto, he pensado que lo mejor es traer a un colega. Y tal colega es el insigne PACO CABEZAS.
Le saca una cabeza... ¡BA DUM - TSS!
Paco se bautizó en Cine Basura con 'SOS Invasión' también desde Sitges, y volvió para 'La Invasión de los Zombis Atómicos'. Vamos: que le va la mandanga dura esta. Ahora es un reputado director internacional que se hace fotos con Anna Kendrick, se manda mensajitos amorosos con Max Brooks y está a punto de perder la compostura intentando dirigir a Eva Green. Pero no olvida sus raíces basuriles de su primer corto 'Invasión Travestí' y se viene con nosotros a comentar un mojón italiano, que son los que más me ponen.

La película es 'Encuentro con la Maldad', que suena muy poco ominoso. Eso de 'encuentro' está bien para un drama romántico. Es como se describiría caminar por la calle y cruzarse con Montoro. O ir a tomar té con pastas junto a un grupo de banqueros. Mucho mejor es el título americano: 'Witchery'. Y mucho MUCHO mejor es el italiano: 'La Casa 4'.

¿Significa eso que es una secuela apócrifa de la saga 'House'?

No: es una secuela apócrifa de la saga 'Posesión Infernal'. Ahí. Con dos cojones. Las dos primeras partes se llamaron en Italia "La Casa" porque "La Cabaña" sonaba demasiado interesante y no hay nada más terrorífico que ser genérico y aburrido. Para cuando Umberto Lenzi presentó una bosta aburridísima llamada 'Ghosthouse', la productora (la famosa casa Filmirage de Joe D'Amato) decidió que lo mejor era llamarla 'La Casa 3'. Y luego le colocaron el 4 a esta cosa con David Hasselhoff y Linda Blair.

Ahí lo he soltado. Como si nada.
"Reviéntame el grano", me pidió ella...
THE HOFF, al que le tenemos mucho cariño en este blog, en España y la ONU en general, estaba en horas bajas post-Coche Fantástico y pre-Vigilantes de las Tetas. Así que sale aquí con Linda Blair que, obviamente será poseída por algún ente demoníaco. ¿De verdad queréis perderos una producción de la era dorada de la explotación italiana con David y Linda? Yo no lo haría.

Si estáis en los alrededores de Parchelona / Zitges, no dudéis en pasaros. Y si sois abonados a C+ Xtra, ya tenéis plan para esa noche. O quedad en casa de algún colega que lo sea. Yo tengo el canal, pero estaré de viaje. Porque yo presento esto. Que no sé a veces si me explico bien.

La respuesta está clara: No.

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